Roberto Gavaldón no le pide nada a Douglas Sirk con este hermoso melodrama sobre apariencias que llevamos y fantasías que inventamos para sobrellevar la desilusión y la soledad.
Pina Pellicer, la Audrey Hepburn mexicana, actúa con tal gentileza y dulzura, que es inevitable no sentir empatía por ella, aunque todas sus decisiones sean terribles.
La dirección bondadosa de Gavaldón también ayuda, pues apuesta por ser benévolo con todos su personajes, sin juzgarlos.
Y esto no significa que la película carezca de conflicto, al contrario, de la mano de la increíble fotografía de Gabriel Figueroa (¡una locura las imágenes que crea!), la fantasía poco a poco se torna en pesadilla, el peligro es latente y como público esperas lo peor.
Afortunadamente, Gavaldón aterriza Días de Otoño con esperanza.
Un día acabará el olvido o acabará la esperanza.
Que nunca acabe la esperanza.
Roberto Gavaldón no le pide nada a Douglas Sirk con este hermoso melodrama sobre apariencias que llevamos y fantasías que inventamos para sobrellevar la desilusión y la soledad.
Pina Pellicer, la Audrey Hepburn mexicana, actúa con tal gentileza y dulzura, que es inevitable no sentir empatía por ella, aunque todas sus decisiones sean terribles.
La dirección bondadosa de Gavaldón también ayuda, pues apuesta por ser benévolo con todos su personajes, sin juzgarlos.
Y esto no significa que la película carezca de conflicto, al contrario, de la mano de la increíble fotografía de Gabriel Figueroa (¡una locura las imágenes que crea!), la fantasía poco a poco se torna en pesadilla, el peligro es latente y como público esperas lo peor.
Afortunadamente, Gavaldón aterriza Días de Otoño con esperanza.
Un día acabará el olvido o acabará la esperanza.
Que nunca acabe la esperanza.