Un cuento de Cenicienta con traje de chaqueta, donde el príncipe es Harrison Ford en su faceta más humana, y la madrastra es Sigourney Weaver haciendo de Sigourney Weaver, que es lo mejor que puede hacer Sigourney Weaver.
Lo interesante es que no la filmaron como una fábula. La filma como una película de supervivencia. Tess no tiene magia ni hada madrina. Tiene una idea buena, una jefa que se la roba y la cara suficiente para decidir que si alguien va a aprovecharse de su trabajo, va a ser ella misma.
Pero hay algo que no le puedo negar: cuando termina con ella mirando por la ventana de su propio despacho por primera vez, a uno le cuesta no emocionarse porque sabes exactamente lo que costó llegar hasta esa ventana. Y porque Nueva York, por un momento, parece el tipo de ciudad que cumple lo que promete.
Un cuento de Cenicienta con traje de chaqueta, donde el príncipe es Harrison Ford en su faceta más humana, y la madrastra es Sigourney Weaver haciendo de Sigourney Weaver, que es lo mejor que puede hacer Sigourney Weaver.
Lo interesante es que no la filmaron como una fábula. La filma como una película de supervivencia. Tess no tiene magia ni hada madrina. Tiene una idea buena, una jefa que se la roba y la cara suficiente para decidir que si alguien va a aprovecharse de su trabajo, va a ser ella misma.
Pero hay algo que no le puedo negar: cuando termina con ella mirando por la ventana de su propio despacho por primera vez, a uno le cuesta no emocionarse porque sabes exactamente lo que costó llegar hasta esa ventana. Y porque Nueva York, por un momento, parece el tipo de ciudad que cumple lo que promete.