Se deja ver a pesar de ser predecible (a los cinco minutos ya sabes por dónde van los tiros) y muy irregular en su tercer acto. Pero qué diantre, me ha gustado.
Ayuda que a un servidor siempre le ha interesado la licantropía en cine y que la película se escapa de los clichés habituales , pero el resultado sufre por que ya existen cosas de temática similar como Ginger Snaps bastante más sólidas. Dicho eso, en Ginger Snaps el cambio era inherentemente horrendo (la licantropía de Ginger por muy ligada que esté a su despertar sexual y madurez no deja de ser, al final, una enfermedad) mientras que en Wildling es más un paso natural de adolescencia a edad adulta y Anna nunca deja de ser la heroína. La monstruosidad no está en la metamorfosis de Anna sino en aquellos que intentan primero reprimirla, luego erradicarla.
Al final es el tercer acto lo que lastra la película. Tras un fuerte arranque y una melodramática parte central irregular pero funcional, el tercer acto se estira como un chicle con una elipsis de varios meses, los personajes que más lazos habían establecido con la protagonista pasan a segundo plano y de golpe toca lidiar con una serie de antagonistas vagamente perfilados en todo el metraje previo, por no mencionar algunos detalles que se quedan en el aire o se dejan vagamente explicados que podrían haberse exprimido un poco más. Se salvan un par de momentos visualmente interesantes, y toda la labor de maquillaje y diseño monstruil es majilla.
Aún con todo se merece un vistazo si sois fans del tema.
Se deja ver a pesar de ser predecible (a los cinco minutos ya sabes por dónde van los tiros) y muy irregular en su tercer acto. Pero qué diantre, me ha gustado.
Ayuda que a un servidor siempre le ha interesado la licantropía en cine y que la película se escapa de los clichés habituales , pero el resultado sufre por que ya existen cosas de temática similar como Ginger Snaps bastante más sólidas. Dicho eso, en Ginger Snaps el cambio era inherentemente horrendo (la licantropía de Ginger por muy ligada que esté a su despertar sexual y madurez no deja de ser, al final, una enfermedad) mientras que en Wildling es más un paso natural de adolescencia a edad adulta y Anna nunca deja de ser la heroína. La monstruosidad no está en la metamorfosis de Anna sino en aquellos que intentan primero reprimirla, luego erradicarla.
Al final es el tercer acto lo que lastra la película. Tras un fuerte arranque y una melodramática parte central irregular pero funcional, el tercer acto se estira como un chicle con una elipsis de varios meses, los personajes que más lazos habían establecido con la protagonista pasan a segundo plano y de golpe toca lidiar con una serie de antagonistas vagamente perfilados en todo el metraje previo, por no mencionar algunos detalles que se quedan en el aire o se dejan vagamente explicados que podrían haberse exprimido un poco más. Se salvan un par de momentos visualmente interesantes, y toda la labor de maquillaje y diseño monstruil es majilla.
Aún con todo se merece un vistazo si sois fans del tema.