Los daneses sufren de una vida extremadamente digna, con un estado presente, padres moderados, y derechos laborales, y se meten al ejército porque están aburridos, porque quieren vivir una última aventura antes de la vida adulta, porque sus sociedades carecen de la verdadera práctica de hermandad y sana masculinidad. El problema yace exactamente ahí, son chicos clase media cargados de un cinismo que da susto, están mal socializamos, son extraños, y su violencia, así como su sexualidad, es performativa. Roban casi todo su acting de los yanquis, pero les cuesta comprender porque aquellos se ven tan cool y estos como ratones blancos, feos, tontos.
La realidad es simple: los yanquis son tercermundistas, y en su condición, incluso siendo brutalmente estúpidos y fáciles de controlar, entienden las sutilezas del día a día en Afganistán, y tal vez más importante, entienden la guerra, porque ella es su cuna, su casa, su primera novia, van a la guerra porque son unos salvajes abandonados por su estado, son negros, discapacitados, criminales, y su eterna dicotomía los hace un buen caso de estudio, y a veces hasta generan empatía. Los daneses van a la guerra porque tienen el cerebro blando y suave de tanta comodidad, y sienten vergüenza de ser hombres.
Los daneses sufren de una vida extremadamente digna, con un estado presente, padres moderados, y derechos laborales, y se meten al ejército porque están aburridos, porque quieren vivir una última aventura antes de la vida adulta, porque sus sociedades carecen de la verdadera práctica de hermandad y sana masculinidad. El problema yace exactamente ahí, son chicos clase media cargados de un cinismo que da susto, están mal socializamos, son extraños, y su violencia, así como su sexualidad, es performativa. Roban casi todo su acting de los yanquis, pero les cuesta comprender porque aquellos se ven tan cool y estos como ratones blancos, feos, tontos.
La realidad es simple: los yanquis son tercermundistas, y en su condición, incluso siendo brutalmente estúpidos y fáciles de controlar, entienden las sutilezas del día a día en Afganistán, y tal vez más importante, entienden la guerra, porque ella es su cuna, su casa, su primera novia, van a la guerra porque son unos salvajes abandonados por su estado, son negros, discapacitados, criminales, y su eterna dicotomía los hace un buen caso de estudio, y a veces hasta generan empatía. Los daneses van a la guerra porque tienen el cerebro blando y suave de tanta comodidad, y sienten vergüenza de ser hombres.