What’s Wrong with the World? (1966), en el segmento dirigido por Jean-Luc Godard, se inscribe claramente en su etapa más ensayística y militante, y funciona más como un gesto político-intelectual que como una experiencia cinematográfica tradicional.
No es una obra particularmente atractiva desde lo narrativo. De hecho, la narrativa prácticamente se disuelve: no hay progresión dramática ni personajes que inviten a la identificación. Godard parece desinteresado en contar algo “bien”, y mucho más enfocado en interpelar al espectador de forma directa, casi confrontativa. Esto puede resultar árido, incluso frustrante, pero es una decisión consciente y coherente con su postura estética.
La cinematografía es funcional y deliberadamente anti-espectacular. Los encuadres son simples, a veces casi descuidados, y la cámara no busca embellecer sino exponer. No hay lirismo ni virtuosismo visual; en su lugar, hay una austeridad que refuerza la sensación de panfleto filmado. Esa sequedad visual puede jugar en contra del disfrute, pero también subraya la intención política del segmento.
Las actuaciones, cuando las hay, son más declamativas que expresivas. Los cuerpos y las voces parecen vehículos de ideas antes que personas reales, lo cual vuelve al conjunto algo rígido, aunque conceptualmente consistente. Godard no busca emoción sino conciencia, y eso se siente en cada decisión formal.
Aun así, el segmento tiene cierto valor como documento de época. Condensa el desencanto, la rabia y la urgencia ideológica del Godard pre-68, cuando el cine empieza a convertirse abiertamente en un arma discursiva. No es una pieza especialmente disfrutable ni redonda, pero sí reveladora.
En definitiva, What’s Wrong with the World? no destaca por su cine en el sentido clásico, pero tiene un interés moderado como manifestación del pensamiento de Godard y de su voluntad de romper, una vez más, con cualquier expectativa cómoda del espectador.
What’s Wrong with the World? (1966), en el segmento dirigido por Jean-Luc Godard, se inscribe claramente en su etapa más ensayística y militante, y funciona más como un gesto político-intelectual que como una experiencia cinematográfica tradicional.
No es una obra particularmente atractiva desde lo narrativo. De hecho, la narrativa prácticamente se disuelve: no hay progresión dramática ni personajes que inviten a la identificación. Godard parece desinteresado en contar algo “bien”, y mucho más enfocado en interpelar al espectador de forma directa, casi confrontativa. Esto puede resultar árido, incluso frustrante, pero es una decisión consciente y coherente con su postura estética.
La cinematografía es funcional y deliberadamente anti-espectacular. Los encuadres son simples, a veces casi descuidados, y la cámara no busca embellecer sino exponer. No hay lirismo ni virtuosismo visual; en su lugar, hay una austeridad que refuerza la sensación de panfleto filmado. Esa sequedad visual puede jugar en contra del disfrute, pero también subraya la intención política del segmento.
Las actuaciones, cuando las hay, son más declamativas que expresivas. Los cuerpos y las voces parecen vehículos de ideas antes que personas reales, lo cual vuelve al conjunto algo rígido, aunque conceptualmente consistente. Godard no busca emoción sino conciencia, y eso se siente en cada decisión formal.
Aun así, el segmento tiene cierto valor como documento de época. Condensa el desencanto, la rabia y la urgencia ideológica del Godard pre-68, cuando el cine empieza a convertirse abiertamente en un arma discursiva. No es una pieza especialmente disfrutable ni redonda, pero sí reveladora.
En definitiva, What’s Wrong with the World? no destaca por su cine en el sentido clásico, pero tiene un interés moderado como manifestación del pensamiento de Godard y de su voluntad de romper, una vez más, con cualquier expectativa cómoda del espectador.