En Bodas de Sangre de Carlos Saura, el baile se apodera de la cámara; no es la coreografía adaptándose a la cámara, al contrario, la cámara se vuelve el acompañante de ella, dejando completamente de lado los diálogos y cualquier otra cosa que pueda distraernos de la obra.
En Bodas de Sangre de Carlos Saura, el baile se apodera de la cámara; no es la coreografía adaptándose a la cámara, al contrario, la cámara se vuelve el acompañante de ella, dejando completamente de lado los diálogos y cualquier otra cosa que pueda distraernos de la obra.