La idea de la revolución es atractiva, cautivadora, y a menudo, violenta. Pero cuando se vende al mejor postor, al mejor periódico, deja de ser liderada por revolucionarios; ahora son celebridades. Porque las revoluciones las hacen las personas, no letras en un titular. Asimismo, está demostrado que las revoluciones pacíficas son más efectivas que las violentas, aunque en este caso nunca fue lo que afirmaba ser. Simple y llanamente es terrorismo. Si todos sangramos rojo, ¿por qué debemos sangrar para demostrarlo?
La idea de la revolución es atractiva, cautivadora, y a menudo, violenta. Pero cuando se vende al mejor postor, al mejor periódico, deja de ser liderada por revolucionarios; ahora son celebridades. Porque las revoluciones las hacen las personas, no letras en un titular. Asimismo, está demostrado que las revoluciones pacíficas son más efectivas que las violentas, aunque en este caso nunca fue lo que afirmaba ser. Simple y llanamente es terrorismo. Si todos sangramos rojo, ¿por qué debemos sangrar para demostrarlo?