“I’m afraid we’re little people, Louis… little people with a terribly big task.”
El melodrama de los melodramas, el fashion history film de los fashion history films. Despliega toda la vida de la reina casi como una ópera, de Austria a la guillotina, donde todo es hipérbole pero nunca vacío. Muy rococó, muy perlé. Habita su historia y la empuja sin miedo hacia su máximo exceso y dramatismo, aquí las licencias se sienten menos como error que como justicia poética.
Es el sueño obsesivo de la Metro, levantado con una ambición casi enfermiza por reconstruir Versalles pero atravesado por una melancolía muy íntima: La sombra de la muerte de Irving Thalberg, mayor devoto de Maria Antonieta y marido de la propia Norma Shearer. En ese sentido, la película no es solo una superproducción decadentista irreproducible, sino un tributo póstumo donde la actriz invoca a la reina a través de su obsesión con las memorias, la correspondencia, las joyas y el rigor absoluto. Un cierre crepuscular total.
Si la de Coppola trabaja por sustracción y atmósfera, esta lo hace por acumulación. Una lo susurra y la otra lo declama pero ambas llegan al mismo punto ante la imposibilidad de habitar un rol histórico. El verdadero embrujo aquí, más allá de los consagrados vestidos de Adrian, es Norma, que desaparece de verdad en Antonieta, capta como ninguna otra la oscilación entre la ligereza coqueta y la majestad gélida capaz de causar terror. El recorrido de la niña fascinada a la figura consumida que asciende al cadalso deja de ser narrativo para volverse iconográfico, de hecho, Norma tuvo que luchar con el equipo para estar verdaderamente demacrada en la escena de la guillotina… hay que adorarla, por Norma!
Me costó años encontrarla y la guardo como una joya, aunque hoy se pueda encontrar hasta coloreada en ok.ru…. El simple hecho de que exista un biopic de Maria Antonieta en la última década del verdadero glamour… jamás podré estar suficientemente agradecido.
“I’m afraid we’re little people, Louis… little people with a terribly big task.”
El melodrama de los melodramas, el fashion history film de los fashion history films. Despliega toda la vida de la reina casi como una ópera, de Austria a la guillotina, donde todo es hipérbole pero nunca vacío. Muy rococó, muy perlé. Habita su historia y la empuja sin miedo hacia su máximo exceso y dramatismo, aquí las licencias se sienten menos como error que como justicia poética.
Es el sueño obsesivo de la Metro, levantado con una ambición casi enfermiza por reconstruir Versalles pero atravesado por una melancolía muy íntima: La sombra de la muerte de Irving Thalberg, mayor devoto de Maria Antonieta y marido de la propia Norma Shearer. En ese sentido, la película no es solo una superproducción decadentista irreproducible, sino un tributo póstumo donde la actriz invoca a la reina a través de su obsesión con las memorias, la correspondencia, las joyas y el rigor absoluto. Un cierre crepuscular total.
Si la de Coppola trabaja por sustracción y atmósfera, esta lo hace por acumulación. Una lo susurra y la otra lo declama pero ambas llegan al mismo punto ante la imposibilidad de habitar un rol histórico. El verdadero embrujo aquí, más allá de los consagrados vestidos de Adrian, es Norma, que desaparece de verdad en Antonieta, capta como ninguna otra la oscilación entre la ligereza coqueta y la majestad gélida capaz de causar terror. El recorrido de la niña fascinada a la figura consumida que asciende al cadalso deja de ser narrativo para volverse iconográfico, de hecho, Norma tuvo que luchar con el equipo para estar verdaderamente demacrada en la escena de la guillotina… hay que adorarla, por Norma!
Me costó años encontrarla y la guardo como una joya, aunque hoy se pueda encontrar hasta coloreada en ok.ru…. El simple hecho de que exista un biopic de Maria Antonieta en la última década del verdadero glamour… jamás podré estar suficientemente agradecido.