El experimento está en todas partes:
escuelas, oficinas, familias.
Las celdas no requieren barrotes; basta una jerarquía, una consigna, un silencio. La moral, frágil, se justifica tras un uniforme. El yo se disuelve en el rol.
El poder no se impone: se infiltra; en el permiso,
en el intercambio, en la supresión de libertades.
La violencia, como la de Sorogoyen (As Bestas), no irrumpe: se gesta. Humedece los muros de la dignidad,
envenena la voluntad.
Das Experiment no es ficción, es diagnóstico.
El experimento está en todas partes:
escuelas, oficinas, familias.
Las celdas no requieren barrotes; basta una jerarquía, una consigna, un silencio. La moral, frágil, se justifica tras un uniforme. El yo se disuelve en el rol.
El poder no se impone: se infiltra; en el permiso,
en el intercambio, en la supresión de libertades.
La violencia, como la de Sorogoyen (As Bestas), no irrumpe: se gesta. Humedece los muros de la dignidad,
envenena la voluntad.
Das Experiment no es ficción, es diagnóstico.