Lo importante que son los clubes y esa sensación rara que te provocan en el pecho que no sabes si es orgullo o un paró cardiaco. En un momento te sentís una basura, que si no fueras socio vivirás mas tranquilo, pensando que todo tiempo pasado fue mejor, recordando esas tardes y noches de gloria que parecen imposibles de volver a vivir. Y al otro instante estás en la cima del mundo, convencido de que no solo le vas a ganar al puto de tu clásico, sino que vas a salir campeón y jugar la Libertadores.
“El club no se vende. Lo va a salvar el trabajo de la gente honesta”.
Campanella (aunque sea un hijo de remil puta) logra capturar algo único: el sentido de pertenencia. Ese que no se compra, ese que nace con los clubes creados desde nada, por gente llena fe esperanza. Como dice en El secreto de sus ojos, uno puede cambiar todo, menos la pasión.
Por eso las sociedades anónimas nunca van a funcionar del todo: les falta el corazón. No pueden replicar mi abuelo, que hasta el ultimo de sus días, llamaba a sus nietos para contar cómo salió el partido, ni a los pibes que encuentran en el club un lugar mejor que la calle, ni el sueño de debutar en primera para ayudar a tu familia.
Los clubes no se venden, porque las pasiones son incomprables. Viva lo publico, lo popular y lo barrial.
Lo importante que son los clubes y esa sensación rara que te provocan en el pecho que no sabes si es orgullo o un paró cardiaco. En un momento te sentís una basura, que si no fueras socio vivirás mas tranquilo, pensando que todo tiempo pasado fue mejor, recordando esas tardes y noches de gloria que parecen imposibles de volver a vivir. Y al otro instante estás en la cima del mundo, convencido de que no solo le vas a ganar al puto de tu clásico, sino que vas a salir campeón y jugar la Libertadores.
“El club no se vende. Lo va a salvar el trabajo de la gente honesta”.
Campanella (aunque sea un hijo de remil puta) logra capturar algo único: el sentido de pertenencia. Ese que no se compra, ese que nace con los clubes creados desde nada, por gente llena fe esperanza. Como dice en El secreto de sus ojos, uno puede cambiar todo, menos la pasión.
Por eso las sociedades anónimas nunca van a funcionar del todo: les falta el corazón. No pueden replicar mi abuelo, que hasta el ultimo de sus días, llamaba a sus nietos para contar cómo salió el partido, ni a los pibes que encuentran en el club un lugar mejor que la calle, ni el sueño de debutar en primera para ayudar a tu familia.
Los clubes no se venden, porque las pasiones son incomprables. Viva lo publico, lo popular y lo barrial.