La película de Rúnnarson apuesta por un mosaico lleno de detalles casi imperceptibles donde la incomunicación, los gestos y el absurdo son la norma, sin llegar de todos modos a las formas de Roy Andersson. Aún así, la frialdad (disculpen la obviedad) de la propuesta puede hacer que los resultados sean algo opacos y crípticos: poco empeño pone el director en que encajemos alguna pieza, ya que no hay nada que encajar, convirtiendo a Echo en una película que a veces puede pecar de arbitraria, dejando al espectador a su suerte y a la merced de su paciencia.
https://www.cineenserio.com/festival-de-valladolid-2019-arab-blues-and-then-we-danced-y-echo/
La película de Rúnnarson apuesta por un mosaico lleno de detalles casi imperceptibles donde la incomunicación, los gestos y el absurdo son la norma, sin llegar de todos modos a las formas de Roy Andersson. Aún así, la frialdad (disculpen la obviedad) de la propuesta puede hacer que los resultados sean algo opacos y crípticos: poco empeño pone el director en que encajemos alguna pieza, ya que no hay nada que encajar, convirtiendo a Echo en una película que a veces puede pecar de arbitraria, dejando al espectador a su suerte y a la merced de su paciencia.
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