Ciclo Slow Cinema #2
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La Jetée* empieza con un coro impactante y una imagen fija de un aeropuerto. Estos dos aspectos son un adelanto de todo lo que nos va a presentar Marker aquí; un trato del tiempo sin precedentes en el cine y un relato que, sólo mediante imágenes fijas, nos va a dejar aturdidos con su atrevida historia. Segundos más tarde de esta introducción, mediante una voz en off que nos va a acompañar durante todo el metraje, nos explican cómo una mujer presencia una tragedia. En ningún momento nos dicen si esa tragedia es un asesinato, un robo o cualquier otra cosa, Marker ya nos tiene enganchados en su propuesta. Después de esta secuencia, se narra la obsesión de un hombre con una imágen y desde mi perspectiva todo apuntaba a que esta fijación era causada por un trauma, pero no podía estar más equivocado.
Marker confecciona, con precisión de cirujano, un cortometraje de solamente treinta minutos que tiene mil y una sorpresas que no te esperas. Me gusta compararla con un mago que tiene un repertorio infinito de trucos, ya que en ningún momento sabes cual va a ser la próxima decisión creativa de su director. Con un ritmo fugaz en sus primeros minutos se nos introduce a una distopía causada por un conflicto nuclear y las consecuencias que este tuvo en París, con todas sus infraestructuras completamente destrozadas. La humanidad parece estar condenada, pero en unas catacombas, un grupo de científicos y conejillos de indias – en los cuales se encuentra nuestro protagonista – se topan con la posibilidad de viajar atrás en el tiempo y conseguir los suministros que necesitan para sobrevivir. Varios sujetos de prueba ya han muerto por estas pruebas, ya que parece que la mente humana no es capaz de soportar los viajes en el tiempo hasta que llega una luz de esperanza que lo cambia todo, nuestro personaje principal. Antoine Bonfanti consigue algo muy especial con el sonido de esta producción. Mediante latidos y murmullos se nos presenta la incertidumbre e inseguridad que tienen todos los implicados en los experimentos; saben que si no consiguen recursos, lo más probable es que mueran. Como es de esperar, los altos cargos harán todo lo posible para que esto no pase, sin tener en cuenta la ética en ningún momento. Los conejillos de indias tendrán fuertes alucinaciones, serán despojados de su presente y sufrirán para intentar cumplir un objetivo que en cierta manera, no es inequívoco.
Volviendo a la trama principal, nuestro protagonista consigue sobrevivir a las letales primeras pruebas a las que se somete y después de diez días de ensayo y error, consigue acceder al pasado mediante los sueños. Las primeras imágenes que ve son esperanzadoras y en cierto momento parece que se encuentra a la chica del principio de la producción – fue gracias a la obsesión que tenía con su imagen lo que hizo ser elegido como sujeto de pruebas entre millones de candidatos – más tarde se da cuenta de que realmente no es ella. En el décimo día dentro del mundo de sus sueños comienza a encontrar familiaridades dentro de ellos, pero se da cuenta de que estos no reflejan con exactitud lo que él vivió en el pasado. En el decimotercer día, finalmente consigue reencontrarse con la mujer de sus sueños, sabiendo con certeza que es ella sin presentar ningún tipo de duda como con el resto de sus ensoñaciones. Aún y encontrarse con lo que parece ser el amor de su vida, no todo es perfecto. Este primer encuentro dura poco hasta que nuestro protagonista entra en un trance y la mujer desaparece, finalmente despertando. Cuando los científicos deciden reintroducirle en su sueño, este decide hablar a la misteriosa mujer. El pasado es un lugar que no está definido y entre ellos se forja una bonita amistad – sin recuerdos ni planes, el tiempo se construye sin dificultad entre ellos.
Nuestro protagonista se había olvidado de la existencia de los jardines y tiene como único punto de referencia temporal las cicatrices del pasado – estas siendo representadas por inscripciones en un muro y posteriormente con una visita a un museo de historia. Su pérdida de la noción del tiempo es una ventaja para la relación entre él y la chica, ya que gracias a esta se forja una confianza mútua y pura entre ellos. Al mencionar su condición como viajero del tiempo, este se desvanece y se despierta, con dudas sobre si la mujer es real o imaginaria. Cuando vuelve al mundo de sus sueños, se encuentra de nuevo con ella y le dice que comprende su situación, dirigiéndose a él como “mi fantasma”. La mujer se acostumbra a su particular ida y venida y se siente escuchada. Los sueños de nuestro personaje principal terminan cuando lo más interesante va a ocurrir, así como en la vida real. Marker nos está recordando que, pese a que está contando una historia con tintes distópicos, todo podría llegar a pasar en la realidad. Después de veinte minutos de metraje, la mujer se mueve durante un breve instante. Lo que antes era un sueño en cuerpo y forma, ahora parece más real que nunca.
Al ver esto, los altos cargos se dan cuenta que su experimento había resultado en un éxito después de tanto sufrimiento y deciden enviar a nuestro protagonista al futuro: todo apunta a que nunca más verá a esa mujer. Después de varios intentos fallidos, se encuentra con que París es la ciudad más grande del Universo y se sitúa en otro planeta. La falta de ética en los experimentos del pasado se ve justificada, ya que se confirma que la humanidad ha conseguido sobrevivir. Cuando el hombre cumple con su cometido, espera a ser ejecutado; queriendo morir en paz y recordando a la mujer de sus sueños después de todo lo que ha pasado. En el último momento, y casi por arte de magia, es salvado por la gente que se encontró en el futuro y le conceden el favor de volver al pasado.
Por un momento el reencuentro con la mujer se convierte en algo real y parece que ya nada se puede entrometer entre ellos – ya no tienen que vivir en algo irreal y pueden ser felices para siempre. Lo que parece ser un final feliz se ve completamente destruido por la dura realidad: la imagen de la que el hombre había estado obsesionado toda su vida era la escena de su propia muerte. Los científicos que habían experimentado con él hasta prácticamente matarlo le habían seguido y reclamado, por fuerza mayor, que no se puede escapar del tiempo. La tragedia que había presenciado la mujer al inicio del metraje era en realidad la ejecución de un hombre que podía viajar en el tiempo, pero, sobre todo, maltratado, usado y finalmente matado a tiros buscando su propia felicidad.