Sí, sí, sí, sí, sí. Viva el cine coño.
Si me llegas a decir cuando llevaba una hora de película que Red Post on Escher Street se iba a convertir en una de mis favoritas, no te hubiera creído ni en mil vidas.
¿Cuántas veces habrás escuchado la frase “eres el protagonista de tu vida”? Infinidad de veces, en películas, en series, en libros de autoayuda. Y es verdad. Pero lo que nunca te dicen es que también eres un extra. Un extra en la vida de cada persona con la que te cruzas de camino al trabajo, en el colegio, en el supermercado. Gente para la que no eres más que un rostro borroso, un cuerpo ocupando espacio en el plano. Y aunque no se fijen en ti, sigues ahí. Sigues siendo un extra.
Pero ser un extra no tiene nada de malo. Piensa cómo sería tu vida sin todos esos extras que te cruzas a diario. Sin ruido de fondo. Sin miradas que no recuerdas. Sin voces que no sabrías identificar. Sería una vida vacía, deshecha, casi ficticia.
Puede que seas un extra en esta historia, en muchas historias, pero eres tan vital como cualquier supuesto “protagonista”. Sin ti no hay mundo. Sin ti no hay plano. Sin ti no hay historia que merezca la pena ser contada.
Y de eso va, en el fondo, Red Post on Escher Street. Sono no hace una película sobre estrellas, ni siquiera sobre personajes. Hace una película para ellos, para los extras. Para los que aparecen un segundo y desaparecen para siempre. Para los que nunca conocerán otras historias que no sean la suya. Y, aun así, sostienen todas las demás.
La película te va mostrando a través de este casting infinito vidas que se rozan, se pisan, se ignoran o se cruzan por accidente y cómo nuestras historias se superponen constantemente, cómo se contaminan, cómo se enriquecen unas a otras sin que nos demos cuenta.
Todos somos protagonistas de algo que casi nadie ve, y extras en casi todo lo demás.
Y aun así, o precisamente por eso, importamos.
Porque no hay extras. Solo personas.
Sí, sí, sí, sí, sí. Viva el cine coño.
Si me llegas a decir cuando llevaba una hora de película que Red Post on Escher Street se iba a convertir en una de mis favoritas, no te hubiera creído ni en mil vidas.
¿Cuántas veces habrás escuchado la frase “eres el protagonista de tu vida”? Infinidad de veces, en películas, en series, en libros de autoayuda. Y es verdad. Pero lo que nunca te dicen es que también eres un extra. Un extra en la vida de cada persona con la que te cruzas de camino al trabajo, en el colegio, en el supermercado. Gente para la que no eres más que un rostro borroso, un cuerpo ocupando espacio en el plano. Y aunque no se fijen en ti, sigues ahí. Sigues siendo un extra.
Pero ser un extra no tiene nada de malo. Piensa cómo sería tu vida sin todos esos extras que te cruzas a diario. Sin ruido de fondo. Sin miradas que no recuerdas. Sin voces que no sabrías identificar. Sería una vida vacía, deshecha, casi ficticia.
Puede que seas un extra en esta historia, en muchas historias, pero eres tan vital como cualquier supuesto “protagonista”. Sin ti no hay mundo. Sin ti no hay plano. Sin ti no hay historia que merezca la pena ser contada.
Y de eso va, en el fondo, Red Post on Escher Street. Sono no hace una película sobre estrellas, ni siquiera sobre personajes. Hace una película para ellos, para los extras. Para los que aparecen un segundo y desaparecen para siempre. Para los que nunca conocerán otras historias que no sean la suya. Y, aun así, sostienen todas las demás.
La película te va mostrando a través de este casting infinito vidas que se rozan, se pisan, se ignoran o se cruzan por accidente y cómo nuestras historias se superponen constantemente, cómo se contaminan, cómo se enriquecen unas a otras sin que nos demos cuenta.
Todos somos protagonistas de algo que casi nadie ve, y extras en casi todo lo demás.
Y aun así, o precisamente por eso, importamos.
Porque no hay extras. Solo personas.