

2023·Drama·3h 10m
7.0
★














Morán works as a clerk in a bank in Buenos Aires. He is as good as invisible to his colleagues. Over dinner with his colleague Román, Morán tells him that he stole exactly $650,000, which is exactly double what he would have made until his retirement. He plans to turn himself in, but not before offering Román to split the money if agrees to hide it for the duration of his incarceration.
Directed by Rodrigo Moreno

Trailer

IMDB
N/A
Where to Watch



Cast

Daniel Elías
Morán

Esteban Bigliardi
Román

Margarita Molfino
Norma

Germán de Silva
Del Toro / Garrincha

Laura Paredes
Laura Ortega

Mariana Chaud
Marianela

Gabriela Saidón
Flor

Cecilia Rainero
Morna

Lalo Rotaveria
Isnardi

Iair Said
Ivanchuk / Barrientos

Agustín Toscano
Vespucio

Fabián Casas
Maestro
Crew

Rodrigo Moreno
Director

Rodrigo Moreno
Writer

Nicolás Goldbart
Editor

Rodrigo Moreno
Editor

Inés Duacastella
Director of Photography

Alejo Maglio
Director of Photography

Rodrigo Moreno
Co-Producer

Marcos Mion
Co-Producer

Julia Alves
Co-Producer

Hernán Musaluppi
Co-Producer

Gonzalo Delgado
Art Direction

Ezequiel Pierri
First Assistant Director
Popular Reviews
70 reviews
Olvaggar
10.0★ · 02/27/26

Era tutto una grande nuvola di fumo.
Era tutto una grande nuvola di fumo.
Leib
7.0★ · 02/05/26

Los delincuentes (2023), de Rodrigo Moreno, es una película que se afirma con una tranquilidad muy segura, casi desarmante, avanzando a contramano de los ritmos habituales del cine contemporáneo. No tiene apuro por explicar ni por impactar de inmediato; confía en su tiempo, en sus personajes y en una idea central que se despliega con paciencia y una inteligencia poco común.
La premisa, que podría derivar fácilmente en un thriller o en una comedia de golpes más tradicionales, es utilizada como punto de partida para algo mucho más contemplativo. La película se interesa menos por el delito en sí que por lo que viene después: el trabajo, el tiempo libre, el deseo de escapar de una vida mecánica. En ese sentido, el film se siente más cercano a una reflexión existencial que a una narración de género, y esa elección le da una identidad muy clara.
La puesta en escena es sobria y precisa. La cámara observa sin intervenir, dejando que los espacios —oficinas, calles, paisajes rurales— hablen por sí mismos. Hay un contraste muy bien trabajado entre lo urbano y lo natural, entre la repetición asfixiante del trabajo y la apertura que ofrece el tiempo recuperado. La cinematografía no busca llamar la atención, pero está cuidadosamente pensada, con encuadres largos y una luz natural que refuerza la sensación de calma y observación constante.
Las actuaciones acompañan ese tono con una naturalidad notable. Los personajes se sienten reales, sin gestos excesivos ni diálogos subrayados. Hay una química silenciosa entre los protagonistas que sostiene gran parte del film, y la manera en que la película permite que los vínculos se desarrollen sin prisa es uno de sus mayores aciertos.
Narrativamente, Los delincuentes se permite desvíos y cambios de foco que pueden descolocar al principio, pero que terminan enriqueciendo el conjunto. La duración, lejos de sentirse como un exceso, refuerza la idea de tiempo como eje central del relato. Moreno entiende que para hablar del trabajo, del ocio y de la libertad, la película misma tiene que tomarse su tiempo.
En conjunto, Los delincuentes es una obra muy bien pensada, tranquila pero firme, que propone una mirada original y profundamente humana sobre el dinero, el tiempo y la posibilidad de vivir de otra manera. No busca imponerse ni cerrar sus ideas de forma contundente, pero deja una impresión clara y duradera, confirmándose como una de esas películas que funcionan tanto por lo que cuentan como por cómo eligen contarlo.
La premisa, que podría derivar fácilmente en un thriller o en una comedia de golpes más tradicionales, es utilizada como punto de partida para algo mucho más contemplativo. La película se interesa menos por el delito en sí que por lo que viene después: el trabajo, el tiempo libre, el deseo de escapar de una vida mecánica. En ese sentido, el film se siente más cercano a una reflexión existencial que a una narración de género, y esa elección le da una identidad muy clara.
La puesta en escena es sobria y precisa. La cámara observa sin intervenir, dejando que los espacios —oficinas, calles, paisajes rurales— hablen por sí mismos. Hay un contraste muy bien trabajado entre lo urbano y lo natural, entre la repetición asfixiante del trabajo y la apertura que ofrece el tiempo recuperado. La cinematografía no busca llamar la atención, pero está cuidadosamente pensada, con encuadres largos y una luz natural que refuerza la sensación de calma y observación constante.
Las actuaciones acompañan ese tono con una naturalidad notable. Los personajes se sienten reales, sin gestos excesivos ni diálogos subrayados. Hay una química silenciosa entre los protagonistas que sostiene gran parte del film, y la manera en que la película permite que los vínculos se desarrollen sin prisa es uno de sus mayores aciertos.
Narrativamente, Los delincuentes se permite desvíos y cambios de foco que pueden descolocar al principio, pero que terminan enriqueciendo el conjunto. La duración, lejos de sentirse como un exceso, refuerza la idea de tiempo como eje central del relato. Moreno entiende que para hablar del trabajo, del ocio y de la libertad, la película misma tiene que tomarse su tiempo.
En conjunto, Los delincuentes es una obra muy bien pensada, tranquila pero firme, que propone una mirada original y profundamente humana sobre el dinero, el tiempo y la posibilidad de vivir de otra manera. No busca imponerse ni cerrar sus ideas de forma contundente, pero deja una impresión clara y duradera, confirmándose como una de esas películas que funcionan tanto por lo que cuentan como por cómo eligen contarlo.
Los delincuentes (2023), de Rodrigo Moreno, es una película que se afirma con una tranquilidad muy segura, casi desarmante, avanzando a contramano de los ritmos habituales del cine contemporáneo. No tiene apuro por explicar ni por impactar de inmediato; confía en su tiempo, en sus personajes y en una idea central que se despliega con paciencia y una inteligencia poco común.
La premisa, que podría derivar fácilmente en un thriller o en una comedia de golpes más tradicionales, es utilizada como punto de partida para algo mucho más contemplativo. La película se interesa menos por el delito en sí que por lo que viene después: el trabajo, el tiempo libre, el deseo de escapar de una vida mecánica. En ese sentido, el film se siente más cercano a una reflexión existencial que a una narración de género, y esa elección le da una identidad muy clara.
La puesta en escena es sobria y precisa. La cámara observa sin intervenir, dejando que los espacios —oficinas, calles, paisajes rurales— hablen por sí mismos. Hay un contraste muy bien trabajado entre lo urbano y lo natural, entre la repetición asfixiante del trabajo y la apertura que ofrece el tiempo recuperado. La cinematografía no busca llamar la atención, pero está cuidadosamente pensada, con encuadres largos y una luz natural que refuerza la sensación de calma y observación constante.
Las actuaciones acompañan ese tono con una naturalidad notable. Los personajes se sienten reales, sin gestos excesivos ni diálogos subrayados. Hay una química silenciosa entre los protagonistas que sostiene gran parte del film, y la manera en que la película permite que los vínculos se desarrollen sin prisa es uno de sus mayores aciertos.
Narrativamente, Los delincuentes se permite desvíos y cambios de foco que pueden descolocar al principio, pero que terminan enriqueciendo el conjunto. La duración, lejos de sentirse como un exceso, refuerza la idea de tiempo como eje central del relato. Moreno entiende que para hablar del trabajo, del ocio y de la libertad, la película misma tiene que tomarse su tiempo.
En conjunto, Los delincuentes es una obra muy bien pensada, tranquila pero firme, que propone una mirada original y profundamente humana sobre el dinero, el tiempo y la posibilidad de vivir de otra manera. No busca imponerse ni cerrar sus ideas de forma contundente, pero deja una impresión clara y duradera, confirmándose como una de esas películas que funcionan tanto por lo que cuentan como por cómo eligen contarlo.
La premisa, que podría derivar fácilmente en un thriller o en una comedia de golpes más tradicionales, es utilizada como punto de partida para algo mucho más contemplativo. La película se interesa menos por el delito en sí que por lo que viene después: el trabajo, el tiempo libre, el deseo de escapar de una vida mecánica. En ese sentido, el film se siente más cercano a una reflexión existencial que a una narración de género, y esa elección le da una identidad muy clara.
La puesta en escena es sobria y precisa. La cámara observa sin intervenir, dejando que los espacios —oficinas, calles, paisajes rurales— hablen por sí mismos. Hay un contraste muy bien trabajado entre lo urbano y lo natural, entre la repetición asfixiante del trabajo y la apertura que ofrece el tiempo recuperado. La cinematografía no busca llamar la atención, pero está cuidadosamente pensada, con encuadres largos y una luz natural que refuerza la sensación de calma y observación constante.
Las actuaciones acompañan ese tono con una naturalidad notable. Los personajes se sienten reales, sin gestos excesivos ni diálogos subrayados. Hay una química silenciosa entre los protagonistas que sostiene gran parte del film, y la manera en que la película permite que los vínculos se desarrollen sin prisa es uno de sus mayores aciertos.
Narrativamente, Los delincuentes se permite desvíos y cambios de foco que pueden descolocar al principio, pero que terminan enriqueciendo el conjunto. La duración, lejos de sentirse como un exceso, refuerza la idea de tiempo como eje central del relato. Moreno entiende que para hablar del trabajo, del ocio y de la libertad, la película misma tiene que tomarse su tiempo.
En conjunto, Los delincuentes es una obra muy bien pensada, tranquila pero firme, que propone una mirada original y profundamente humana sobre el dinero, el tiempo y la posibilidad de vivir de otra manera. No busca imponerse ni cerrar sus ideas de forma contundente, pero deja una impresión clara y duradera, confirmándose como una de esas películas que funcionan tanto por lo que cuentan como por cómo eligen contarlo.
vc
7.0★ · 12/27/25

Eran tres dos polacos y un francés
(Alpa Corral aka el paraíso)
(Alpa Corral aka el paraíso)
Eran tres dos polacos y un francés
(Alpa Corral aka el paraíso)
(Alpa Corral aka el paraíso)
Cande
9.0★ · 10/29/25

a nada de seguir el ejemplo de morán
a nada de seguir el ejemplo de morán
Treyward
7.0★ · 06/29/25

For a pretty slow 3 hour film, it actually flows pretty nicely. I definitely prefer the first half to the second, but I was much more engaged than I expected to be.
For a pretty slow 3 hour film, it actually flows pretty nicely. I definitely prefer the first half to the second, but I was much more engaged than I expected to be.