
The Exiles
2025·Drama·1h 50m
7.1
★


A mother-daughter relationship is complicated by unprocessed grief and financial strife.
Directed by Belén Funes

IMDB
N/A
Cast

Elvira Lara
Anabel

Antonia Zegers
Delia

Mamen Camacho
Inés

Guillem Barbosa
Eric

Eli Iranzo
María José

Sebastián Haro
José

Nora Sala-Patau
Nora

Bianca Kovacs
Iuliana

Mariona Pagès
Mariona

Marcial Tagle
Mateo

Luz Jiménez
Cynthia
Crew

Belén Funes
Director

Belén Funes
Writer

Marçal Cebrian
Writer

Paloma Peñarrubia
Original Music Composer

Sergio Jiménez
Editor

Diego Cabezas
Director of Photography

Olmo Figueredo
Producer

Antonio Chavarrías
Producer

Sara Gómez
Producer

Carlos Rosado Sibón
Producer

Giancarlo Nasi
Co-Producer

Irene Roqué
Casting Director
Popular Reviews
7 reviews
TeoPRO
9.0★ · 07/16/26

El cine tiene la capacidad de devolverle un cuerpo a las palabras.
Al ver esta película pienso en quienes se desgastan trabajando para poder, simplemente, sobrevivir. Pienso en quienes estudian con la esperanza de que su futuro vaya un poco más allá del mínimo. Pienso en los abuelos y las abuelas, de un futuro lejano y, al mismo tiempo, demasiado cercano, que miran con cariño un mundo que ya casi no les pertenece, desde una manera de entender la vida que se desvanece poco a poco. Como en esa escena del beso, donde ella se aleja mientras permanecen los pájaros, atravesados por el ruido de los aviones.
Pienso en los gobiernos, en lo fácil que resulta decidir el rumbo de miles de vidas desde un escritorio. Pienso en cómo las palabras («inmigración», «trabajo», «clase», «crisis») terminan convirtiéndose en conceptos tan grandes que olvidan el cuerpo de quienes contienen. Pienso en los sudores, las lágrimas, las sonrisas, los silencios, los gemidos, las miradas… que acaban desvaneciéndose en la historia a merced de palabras que, demasiadas veces, no les hacen justicia.
Y entonces recuerdo que el cine puede hacer que «trabajo» vuelva a tener unas manos, que «migración» vuelva a tener un rostro, que «clase obrera» vuelva a respirar. De recordarnos que detrás de todas las grandes palabras siempre hay una vida.
Un interminable aplauso a Belén Funes, que nos recuerda que las películas que permanecen en nosotros no son las que se jactan de su ambigüedad o de su radicalidad, sino las que consiguen que volvamos a mirar aquello que las palabras habían terminado por convertir en un concepto.
Gracias, Belén, por este trozo de la vida misma. Por cogerle prestado el corazón a nuestra Ana y hacerlo latir en la pantalla.
Al ver esta película pienso en quienes se desgastan trabajando para poder, simplemente, sobrevivir. Pienso en quienes estudian con la esperanza de que su futuro vaya un poco más allá del mínimo. Pienso en los abuelos y las abuelas, de un futuro lejano y, al mismo tiempo, demasiado cercano, que miran con cariño un mundo que ya casi no les pertenece, desde una manera de entender la vida que se desvanece poco a poco. Como en esa escena del beso, donde ella se aleja mientras permanecen los pájaros, atravesados por el ruido de los aviones.
Pienso en los gobiernos, en lo fácil que resulta decidir el rumbo de miles de vidas desde un escritorio. Pienso en cómo las palabras («inmigración», «trabajo», «clase», «crisis») terminan convirtiéndose en conceptos tan grandes que olvidan el cuerpo de quienes contienen. Pienso en los sudores, las lágrimas, las sonrisas, los silencios, los gemidos, las miradas… que acaban desvaneciéndose en la historia a merced de palabras que, demasiadas veces, no les hacen justicia.
Y entonces recuerdo que el cine puede hacer que «trabajo» vuelva a tener unas manos, que «migración» vuelva a tener un rostro, que «clase obrera» vuelva a respirar. De recordarnos que detrás de todas las grandes palabras siempre hay una vida.
Un interminable aplauso a Belén Funes, que nos recuerda que las películas que permanecen en nosotros no son las que se jactan de su ambigüedad o de su radicalidad, sino las que consiguen que volvamos a mirar aquello que las palabras habían terminado por convertir en un concepto.
Gracias, Belén, por este trozo de la vida misma. Por cogerle prestado el corazón a nuestra Ana y hacerlo latir en la pantalla.
El cine tiene la capacidad de devolverle un cuerpo a las palabras.
Al ver esta película pienso en quienes se desgastan trabajando para poder, simplemente, sobrevivir. Pienso en quienes estudian con la esperanza de que su futuro vaya un poco más allá del mínimo. Pienso en los abuelos y las abuelas, de un futuro lejano y, al mismo tiempo, demasiado cercano, que miran con cariño un mundo que ya casi no les pertenece, desde una manera de entender la vida que se desvanece poco a poco. Como en esa escena del beso, donde ella se aleja mientras permanecen los pájaros, atravesados por el ruido de los aviones.
Pienso en los gobiernos, en lo fácil que resulta decidir el rumbo de miles de vidas desde un escritorio. Pienso en cómo las palabras («inmigración», «trabajo», «clase», «crisis») terminan convirtiéndose en conceptos tan grandes que olvidan el cuerpo de quienes contienen. Pienso en los sudores, las lágrimas, las sonrisas, los silencios, los gemidos, las miradas… que acaban desvaneciéndose en la historia a merced de palabras que, demasiadas veces, no les hacen justicia.
Y entonces recuerdo que el cine puede hacer que «trabajo» vuelva a tener unas manos, que «migración» vuelva a tener un rostro, que «clase obrera» vuelva a respirar. De recordarnos que detrás de todas las grandes palabras siempre hay una vida.
Un interminable aplauso a Belén Funes, que nos recuerda que las películas que permanecen en nosotros no son las que se jactan de su ambigüedad o de su radicalidad, sino las que consiguen que volvamos a mirar aquello que las palabras habían terminado por convertir en un concepto.
Gracias, Belén, por este trozo de la vida misma. Por cogerle prestado el corazón a nuestra Ana y hacerlo latir en la pantalla.
Al ver esta película pienso en quienes se desgastan trabajando para poder, simplemente, sobrevivir. Pienso en quienes estudian con la esperanza de que su futuro vaya un poco más allá del mínimo. Pienso en los abuelos y las abuelas, de un futuro lejano y, al mismo tiempo, demasiado cercano, que miran con cariño un mundo que ya casi no les pertenece, desde una manera de entender la vida que se desvanece poco a poco. Como en esa escena del beso, donde ella se aleja mientras permanecen los pájaros, atravesados por el ruido de los aviones.
Pienso en los gobiernos, en lo fácil que resulta decidir el rumbo de miles de vidas desde un escritorio. Pienso en cómo las palabras («inmigración», «trabajo», «clase», «crisis») terminan convirtiéndose en conceptos tan grandes que olvidan el cuerpo de quienes contienen. Pienso en los sudores, las lágrimas, las sonrisas, los silencios, los gemidos, las miradas… que acaban desvaneciéndose en la historia a merced de palabras que, demasiadas veces, no les hacen justicia.
Y entonces recuerdo que el cine puede hacer que «trabajo» vuelva a tener unas manos, que «migración» vuelva a tener un rostro, que «clase obrera» vuelva a respirar. De recordarnos que detrás de todas las grandes palabras siempre hay una vida.
Un interminable aplauso a Belén Funes, que nos recuerda que las películas que permanecen en nosotros no son las que se jactan de su ambigüedad o de su radicalidad, sino las que consiguen que volvamos a mirar aquello que las palabras habían terminado por convertir en un concepto.
Gracias, Belén, por este trozo de la vida misma. Por cogerle prestado el corazón a nuestra Ana y hacerlo latir en la pantalla.
blameitontheblackstar
9.0★ · 07/16/26

que importante es aceptar que alguien ya no está
que importante es aceptar que alguien ya no está
Alejandro B
9.0★ · 02/21/26

DIOS encantoume todo
DIOS encantoume todo
Sergio
7.0★ · 02/25/26

Catona
6.0★ · 10/17/25
