Desde que tenemos uso de razón, entendimiento y nos agrupamos en sociedad, hemos enfrentado el vacío constante de estar vivos. Claro que sí, es todo un desafío en sí mismo; desde que te levantas, hasta que te acuestas. Cada ser humano que ha pisado este planeta tuvo el mismo reto. Pese a todo, para nuestra buena suerte, existe una chispa mágica, un interés sobrenatural por querer representar al mundo a través de nosotros. Es entonces cuando descubrimos el arte.
Qué hermosa palabra, cuatro sílabas que engloban miles y miles de historias que nacen de nuestro amor, odio, pasión o la más silenciosa indiferencia; cada musa naciente existe gracias al arte y para el arte.
Es inevitable no caer en ella. Todos nosotros amamos, y cuando se ama, se hace arte. Y haciendo arte, nos volvemos artistas. ¿Pero cómo? ¿Qué acaso tal título no es solo para los maestros del pincel? ¿No son los artistas aquellos privilegiados por la gracia de Dios?
La respuesta a todas estas preguntas es ambigua, ya que existen cientos de etiquetas y métodos para calificar el arte como un "algo" digno de ser valorado; sin embargo, mucho antes de los críticos y las reseñas aburridas, todo se trataba de emociones. ¿Y qué emoción compartimos todos nosotros? El amor, por supuesto.
Amor a cualquier cosa, desde una persona hasta una historia, amor a fin de cuentas. Con esta bendición presentada cual color, hacemos del lienzo en blanco que es nuestro existir, una hermosa pintura; así enfrentamos el vacío, y así crecemos.
Es entonces que cuando un pequeño niño de nombre Sammy Fabelman espera temeroso en la fila de un cine, sus padres leen su preocupación y tratan de calmarlo como mejor saben. Su papá, aficionado científico de los números, le describe la maquinaria compleja que hay detrás de las pantallas; en cambio, su mamá, un alma libre con la técnica de un cisne, lo mira a los ojos y le comparte magia.
-M: *Movies are dreams, doll, that you never forget. You just wait and see, When it's over, you're gonna have the biggest, sloppiest smile on your face.
*
Entramos a la sala y la cámara recorre todo el escenario, la audiencia está absorta mirando hacia la misma dirección, todos perdidos (fascinados) por la película. Ni siquiera Sammy es ajeno a la impresión, puesto que se queda anonadado ante tal epicidad vista. De vuelta a casa, no tiene una sonrisa torpe en su rostro, solo una mirada perpleja que se ve interrumpida por su inconformidad ante la falta de luces navideñas en su casa, teniendo su primer conflicto con la religión de su familia.
La versión judía de la Navidad llegó, y como regalo nuestro prota solicitó un tren de juguete, una obra preciosa de artesanos e ingenieros. Junto con su padre corren a ensamblarla y apreciar la magia de los circuitos que bailan para darle vida. El tren inicia su danza circular perpetua, con todos los presentes resultando fascinados, menos uno. Por alguna razón desconocida, Sammy no encuentra la emoción que esperaba, quedando decepcionado pero no rendido.
En la noche, cuando la luna canta escondida, nuestro pequeño Sam elabora un escenario curioso usando el tren y unos cuantos juguetes más. Verán, en la película a la que asistieron previamente hubo una escena donde un tren choca con un auto y otro tren, generando todo un desastre. En búsqueda de la misma emoción que le produjo presenciar tal hazaña cinematográfica, Sam intentó replicar lo mismo, pero con juguetes, teniendo como resultado un choque que dañó el tan elaborado tren regalado.
Como es de esperarse, su papá lo regaña por no cuidar correctamente su regalo, en cambio, su mamá lo arropa devuelta a su cama. Es aquí donde Sam la agarra de las manos y le dice que necesita verlos chocar.
¿Por qué? ¿Por qué quiere verlos chocar? Eso le pregunta su padre mientras se prepara para dormir. Su mamá, repasando con nostalgia las melodías pasadas, llega a una conclusión.
-M: That's why he needs to watch them crash. He's trying to get some kind of control over it.
Y si necesita control, yo se lo daré. Es así que al día siguiente se dirige ante su hijo para proponerle una idea: Usar la cámara de su padre para grabar el choque de trenes y poder repetirlo las veces que desee sin la necesidad de malograr el juguete.
Sammy accede y se pone manos a la obra, ideándoselas para captar en unos cuantos segundos la impresión que tuvo alguna vez en aquella sala de cine. Ya con el filme terminado, se dirige a proyectarlo en el armario de su cuarto, escapando de toda luz que pueda interrumpir su obra. Su madre va a su cuarto y cuando lo encuentra es llevada a presenciar la peli que produjo. Sin decir ni una sola palabra, ambos contemplan maravillados el resultado.
Esta es la dinámica principal de la película, como lo describió alguna vez Cortázar: "Una dialéctica de imán y limadura, ataque y defensa, de pelota y pared" Y ahora si me permiten agregar: "De arte y audiencia"
Efecto y resultado, arte y audiencia, pantalla y espectadores. Siempre veremos el reflejo en los ojos de aquellos dichosos de admirar la luz hecha historia.
Sam, enamorado de esta dialéctica recién descubierta, empieza a grabar todo tipo de metrajes dejando volar su imaginación. Terror, dolor, acción; cada posibilidad es dominada por su mente y masterizada por su cámara. De esta manera, el tiempo sigue su rumbo, y nuestro prota crece, aun con el gusto por el séptimo arte; mejorando su técnica al grabar y con los efectos necesarios para darle la cuota de realismo que busca reflejar.
En una oportunidad, la familia se va de viaje al campo, acompañados del mejor amigo del padre, el famoso tío Bennie. Durante la estadía, Sam no desaprovecha el chance de grabar todo lo posible con su cámara, filmando cada detalle de la aventura. Lamentablemente, al regresar a casa se enteran de una triste noticia, la madre de Mitzi Fabelman (la mom de Sammy) estaba en su lecho de muerte, alcanzándola justo cuando la familia la acompañaba. Ante la pérdida de su madre, Mitzi enfrenta las consecuencias silenciosas de un duelo premeditado, refugiándose en su arte tocando el piano con la delicadeza de una madre. Su esposo, muy preocupado, le propone a Sam si puede elaborar una película con todo lo grabado en aquel dulce viaje de campo; propuesta molesta para Sam ya que choca con otros planes que tenía para esas fechas.
De imprevisto llega de visita el hermano de la abuela, un cineasta peregrino y domador de leones, un sujeto auténtico en rareza con un aura misteriosa difícil de leer. Boris habla con Sam, compartiendo el mismo interés pasional por el cine, tienen una conversación nutritiva y algo dolorosa.
-B: Believe me, Sammy boy, I get it. Family, art. It'll tear you in two.
Oyen a lo lejos las notas resignadas de Mitzi...
-B: You see, what she got in her heart is what you got, what i got, art. Like me. Like you, I think. We're junkies, and art is our drug. Family, we love, but art, we're meshuga for art.
Aquí se acerca a estirarle los cachetes a Sam hasta que, producto del dolor, se aparta.
-B: I want you should remember how that hurt. Because when they say all this, when they say, "What you do? Oh, that's cute. It's a hobby. It's like stamps or buttefly collecting" you feel your face, how it feels now. So you remember your Uncle Boris and what he's telling you because you're going to join the circus, I can tell. You can't hardly wait. You want to be in the big top.
Al final, remata el discurso con lo siguiente.
-B: You'll make your movies, and you will do your art. And you'll remember how it hurt. So you know what I'm saying? Art will give you crowns in heaven and laurels on earth. But...it'll tear your heart out and leave you lonely.
Todo lo dicho cala en su psique, causando entre confusión y asombro. ¿Realmente el arte te deja solo? ¿Será un arrebato de un viejo triste? ¿Qué rol tiene mi familia y mi arte? La verdad es más compleja de lo que parece a simple vista, chocando con mi interpretación personal sobre nuestro rol como seres humanos nacidos para ser artistas.
Sobre el cine: El cine es maravilloso, desde las historias simples hasta las grandes metrópolis argumentativas de los alucinados cineastas. Existe de todo y para todos, cada género ha sido cubierto por su propio loco, dejando sin espacio al aburrimiento sosegado de la realidad. Pese a todo, en su gran mayoría el cine es ficción, ya que nos presenta historias comúnmente inventadas con características espectaculares y moralejas apapachables. Pero si todo es falso, ¿por qué causa tanto efecto en nosotros?
La verdadera pregunta debería ser: ¿Por qué no? Y es que analizando los cientos de historias que tiene este medio, podemos encontrar siempre una conexión con los valores más puros de nuestra esencia humana. Siempre, pero siempre, se habla de nosotros. De alguna manera, todos los caminos llevan a una Roma dominada por nuestro sentir.
Sam lo sabía, lo descubrió en aquel armario cuando hizo su primera película, lo perfeccionó con la práctica constante, terminando de dominarlo al realizar el metraje sobre el viaje de campo que tuvieron en familia. Metraje que sería de vital importancia para su crecimiento como artista y persona.
Al inspeccionar la cinta de aquella aventura, Sam empieza a notar ciertos eventos extraños que involucran a su madre y al tío Bennie. Caricias, abrazos, momentos solos; espacios de tiempo compartido, endulzado con miradas indiscretas. La verdad es evidente, tajando como una estaca la imagen que tenía Sam sobre su madre y la relación que tiene con Bennie; aterrado y molesto, decide guardarse el rencor todo lo posible hasta que un día, discutiendo con su mamá sobre el porqué de su indiferencia, termina mostrándole la película.
Película que días atrás fue ovacionada por su familia, llenándolos de vigor y gratitud; ahora, una versión diferente, una real, es mostrada únicamente a la madre en el mismo armario donde todo nació.
De la misma cuna de madera donde la luz hecha historia brindó una sonrisa, ahora surge una madre desconsolada, presa de la culpa de haber sido descubierta en su pecado amoroso. La misma historia, solo con un ángulo diferente.
De igual forma, en el viaje que tuvo con su promoción, grabó una película. Este film encapsuló la belleza veraniega de jóvenes llenos de vigor, y la convirtió en una oda hacia un solo sujeto, el bully de Sam. Cuando todos por fin la vieron, aplaudieron y gritaron de emoción, viéndose reflejados en la cinta como personas divertidas experimentando la adolescencia, sobre todo hallando en Thomas (el bully) la imagen definitiva de poderío juvenil cargado de esperanza como un héroe próximo a brillar. Todos lo disfrutaron, menos Thomas, él tuvo una expresión agridulce durante la proyección; él observó una imagen de sí mismo que no existe, una versión dorada capaz de volar, contrastando con la triste realidad. Fluyen interpretaciones divergentes, la dialéctica se diluye en la mente del espectador dejando únicamente lo que desea ver.
El cine es una maravilla en sí misma, obra de aquellos portadores del ángulo divino contador de cuentos. ¿Y quiénes son "ellos"?
Sobre los cineastas: No recuerdo dónde lo escuché alguna vez pero en una clase le preguntan al profesor: "¿El arte es para el artista o para la audiencia? A lo que responde: "El arte debe ser para la audiencia, pero el artista siempre será el primer espectador"
Los artistas son raros, extraños, misteriosos, solemnes, cargados de una autenticidad particular. No conozco artista que sea "normal" o algo parecido, cada uno de ellos tiene un detalle decorativo único en su personalidad. Esto, lejos de parecerme un problema, me fascina; lo normal termina aburriendo; esta vida necesita extraños amantes del color. Mitzi era una artista, una frustrada alma libre que, aludiendo al pecado original, hizo caso a su corazón y se enamoró de quien no debía. Boris era un artista, un triste anciano desligado del vínculo familiar, creyendo que ese era el único camino a su grandeza. Sammy es un artista, un joven prodigio enfrentando la montaña rusa en la que se convirtió su vida y dotándola de magia.
Porque cuando quería sentir la misma emoción de aquel choque fantástico.
Hizo cine.
Cuando, jugando con sus hermanas, dejó volar su imaginación.
Hizo cine.
Inspirado por un enfrentamiento ficticio de vaqueros.
Hizo cine.
Cuando su mamá, producto del duelo, se derrumbó en mil pedazos.
Hizo cine.
Cuando él, producto de la verdad, se derrumbó en mil pedazos.
Hizo cine.
Ante la adversidad de un entorno que lo rechaza y detesta, haciéndolo sangrar.
Hizo cine.
Intentando combatir el melodrama de una familia hecha pedazos.
Hizo cine.
Y cuando su madre se fue en búsqueda de tranquilidad, dejándolos bañados en lágrimas.
Se imaginó haciendo cine.
Nació con la habilidad de un proyectista, la mente de un niño, y el corazón de un artista. Convirtió toda su mierda en arte antes de que lo matara. No olvidemos que no es un ser místico venido a tierra desde el cielo, es un ser humano, como tú y como yo. Realmente nadie es ajeno al dolor, mucho menos los artistas. Si en algo acertó Boris es que el arte te arranca el corazón y te deja solo, eso sí, solo si tú lo permites. Esto es evidenciado en la última conversación que tuvo con mamá, donde ella le dice lo siguiente:
-M: I'm turning into someone I don't know and none of you will know me anymore. I'll just be that hateful person who did that terrible thing to your back. And yes, this is the most selfish thing I have ever done, but I've got to do this now because, Sammy... you do what your heart says you have to, cause you don't owe anyone your life. Not even me.
Su madre, presa de una vida alejada de los acordes, encontró en su esposo e hijos un escape que creía perpetuo, solo para darse con la sorpresa de que ni ella puede huir de la falta de conexión que le produce su nueva vida. Por eso, aunque parezca la persona más egoísta del mundo, tiene que ir a buscar aquello que la nutra, dándole la misma indicación a su hijo; no le debes tu vida a nadie.
Ni siquiera a ella, ni a nadie le debe su vida. Este será su mantra de ahora en adelante, y aunque su padre insista en la universidad como única forma de progreso, con los pies en tierra y la quijada en alto, se dedicará a hacer de su pasión las mil y una formas que le nazca inventar, así eso destruya su vida y la cargue de tragedia. Sin embargo, no tiene que ser así; en la vida real, los artistas, al ser de carne y hueso, también sufren, no porque se dedican al arte, sino porque son seres humanos. La desgracia es inevitable. Ni Mitzi, ni Boris, ni Sammy han sido ajenos al dolor, pero ellos, a diferencia de los demás, han descubierto la dialéctica de imán y limadura, ataque y defensa, arte y audiencia; con las manos ensangrentadas y el rostro azulado, moldearon su arte y lo usaron como espada para combatir el vacío de la muerte.
Qué difícil es existir, ya lo afirmaba Albert Camus: "Juzgar si la vida es o no digna de vivir es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas" Y luego tienes la visión de Hayao Miyazaki: "I would like to make a film to tell children i'ts good to be alive". Dos opiniones que a veces parecen contrapuestas, pero en realidad se complementan.
Tanto Camus como Miyazaki han amado de alguna forma, tal vez una persona, tal vez una historia; ninguno es ajeno al dolor así como tampoco al amor. Pero Marcos, la muerte se acerca, la tragedia es constante, el fin de todo ya viene, somos seres insignificantes, mi casa se cae a trozos, mi vida está acabada. ¿Cómo puedes hablar de amor? ¿No ves que el mundo está hecho pedazos? ¿Qué acaso no ves las constantes desgracias que azotan a esta gente? La entropía es cruel y el caos inevitable. Todos vamos a morir y sufriremos cada día por ello. El vacío me miró de vuelta aterrándome hasta los huesos, tengo miedo, tengo mucho miedo; todos vamos a mor-
Sí, la vida es dolor y tragedia. Sí, la vida está llena de problemas. Sí, la vida es cruel e indiferente. Si a todo porque no te equivocas, ¿Y qué? ¿Te quedarás mirando a la muerte con los brazos cruzados? ¿Qué acaso un libro pierde sentido porque sabes que tiene final? ¿No sientes esa deslumbrante pasión por tu existir? Cada ser humano enfrenta una vida tan compleja y difícil que faltaría otra vida más para poder describirla. Pese a ello, se puede encontrar en el arte la herramienta perfecta para darle estética a nuestro martirio, decorando la cruz mutándola en un bello florero.
Por mi parte, cuando me encuentro perdido con el pecho vacío, me pongo a escribir; la musa naciente de mi soledad se tiñe de rojo y empieza a cantar. Las dudas van y vienen penetrando como agujas, a veces me quitan el sueño, muchas otras me dejan llorando; no obstante, al igual que Sammy, sé que todo estará bien si no dejo mi instinto natural por querer representar mi llanto, y aprovecho cada detalle existente para hacer de mis versos algo maravilloso, eso sí, sin perder en ningún momento el horizonte.
Gracias por leer <3
Desde que tenemos uso de razón, entendimiento y nos agrupamos en sociedad, hemos enfrentado el vacío constante de estar vivos. Claro que sí, es todo un desafío en sí mismo; desde que te levantas, hasta que te acuestas. Cada ser humano que ha pisado este planeta tuvo el mismo reto. Pese a todo, para nuestra buena suerte, existe una chispa mágica, un interés sobrenatural por querer representar al mundo a través de nosotros. Es entonces cuando descubrimos el arte.
Qué hermosa palabra, cuatro sílabas que engloban miles y miles de historias que nacen de nuestro amor, odio, pasión o la más silenciosa indiferencia; cada musa naciente existe gracias al arte y para el arte.
Es inevitable no caer en ella. Todos nosotros amamos, y cuando se ama, se hace arte. Y haciendo arte, nos volvemos artistas. ¿Pero cómo? ¿Qué acaso tal título no es solo para los maestros del pincel? ¿No son los artistas aquellos privilegiados por la gracia de Dios?
La respuesta a todas estas preguntas es ambigua, ya que existen cientos de etiquetas y métodos para calificar el arte como un "algo" digno de ser valorado; sin embargo, mucho antes de los críticos y las reseñas aburridas, todo se trataba de emociones. ¿Y qué emoción compartimos todos nosotros? El amor, por supuesto.
Amor a cualquier cosa, desde una persona hasta una historia, amor a fin de cuentas. Con esta bendición presentada cual color, hacemos del lienzo en blanco que es nuestro existir, una hermosa pintura; así enfrentamos el vacío, y así crecemos.
Es entonces que cuando un pequeño niño de nombre Sammy Fabelman espera temeroso en la fila de un cine, sus padres leen su preocupación y tratan de calmarlo como mejor saben. Su papá, aficionado científico de los números, le describe la maquinaria compleja que hay detrás de las pantallas; en cambio, su mamá, un alma libre con la técnica de un cisne, lo mira a los ojos y le comparte magia.
-M: *Movies are dreams, doll, that you never forget. You just wait and see, When it's over, you're gonna have the biggest, sloppiest smile on your face.
*
Entramos a la sala y la cámara recorre todo el escenario, la audiencia está absorta mirando hacia la misma dirección, todos perdidos (fascinados) por la película. Ni siquiera Sammy es ajeno a la impresión, puesto que se queda anonadado ante tal epicidad vista. De vuelta a casa, no tiene una sonrisa torpe en su rostro, solo una mirada perpleja que se ve interrumpida por su inconformidad ante la falta de luces navideñas en su casa, teniendo su primer conflicto con la religión de su familia.
La versión judía de la Navidad llegó, y como regalo nuestro prota solicitó un tren de juguete, una obra preciosa de artesanos e ingenieros. Junto con su padre corren a ensamblarla y apreciar la magia de los circuitos que bailan para darle vida. El tren inicia su danza circular perpetua, con todos los presentes resultando fascinados, menos uno. Por alguna razón desconocida, Sammy no encuentra la emoción que esperaba, quedando decepcionado pero no rendido.
En la noche, cuando la luna canta escondida, nuestro pequeño Sam elabora un escenario curioso usando el tren y unos cuantos juguetes más. Verán, en la película a la que asistieron previamente hubo una escena donde un tren choca con un auto y otro tren, generando todo un desastre. En búsqueda de la misma emoción que le produjo presenciar tal hazaña cinematográfica, Sam intentó replicar lo mismo, pero con juguetes, teniendo como resultado un choque que dañó el tan elaborado tren regalado.
Como es de esperarse, su papá lo regaña por no cuidar correctamente su regalo, en cambio, su mamá lo arropa devuelta a su cama. Es aquí donde Sam la agarra de las manos y le dice que necesita verlos chocar.
¿Por qué? ¿Por qué quiere verlos chocar? Eso le pregunta su padre mientras se prepara para dormir. Su mamá, repasando con nostalgia las melodías pasadas, llega a una conclusión.
-M: That's why he needs to watch them crash. He's trying to get some kind of control over it.
Y si necesita control, yo se lo daré. Es así que al día siguiente se dirige ante su hijo para proponerle una idea: Usar la cámara de su padre para grabar el choque de trenes y poder repetirlo las veces que desee sin la necesidad de malograr el juguete.
Sammy accede y se pone manos a la obra, ideándoselas para captar en unos cuantos segundos la impresión que tuvo alguna vez en aquella sala de cine. Ya con el filme terminado, se dirige a proyectarlo en el armario de su cuarto, escapando de toda luz que pueda interrumpir su obra. Su madre va a su cuarto y cuando lo encuentra es llevada a presenciar la peli que produjo. Sin decir ni una sola palabra, ambos contemplan maravillados el resultado.
Esta es la dinámica principal de la película, como lo describió alguna vez Cortázar: "Una dialéctica de imán y limadura, ataque y defensa, de pelota y pared" Y ahora si me permiten agregar: "De arte y audiencia"
Efecto y resultado, arte y audiencia, pantalla y espectadores. Siempre veremos el reflejo en los ojos de aquellos dichosos de admirar la luz hecha historia.
Sam, enamorado de esta dialéctica recién descubierta, empieza a grabar todo tipo de metrajes dejando volar su imaginación. Terror, dolor, acción; cada posibilidad es dominada por su mente y masterizada por su cámara. De esta manera, el tiempo sigue su rumbo, y nuestro prota crece, aun con el gusto por el séptimo arte; mejorando su técnica al grabar y con los efectos necesarios para darle la cuota de realismo que busca reflejar.
En una oportunidad, la familia se va de viaje al campo, acompañados del mejor amigo del padre, el famoso tío Bennie. Durante la estadía, Sam no desaprovecha el chance de grabar todo lo posible con su cámara, filmando cada detalle de la aventura. Lamentablemente, al regresar a casa se enteran de una triste noticia, la madre de Mitzi Fabelman (la mom de Sammy) estaba en su lecho de muerte, alcanzándola justo cuando la familia la acompañaba. Ante la pérdida de su madre, Mitzi enfrenta las consecuencias silenciosas de un duelo premeditado, refugiándose en su arte tocando el piano con la delicadeza de una madre. Su esposo, muy preocupado, le propone a Sam si puede elaborar una película con todo lo grabado en aquel dulce viaje de campo; propuesta molesta para Sam ya que choca con otros planes que tenía para esas fechas.
De imprevisto llega de visita el hermano de la abuela, un cineasta peregrino y domador de leones, un sujeto auténtico en rareza con un aura misteriosa difícil de leer. Boris habla con Sam, compartiendo el mismo interés pasional por el cine, tienen una conversación nutritiva y algo dolorosa.
-B: Believe me, Sammy boy, I get it. Family, art. It'll tear you in two.
Oyen a lo lejos las notas resignadas de Mitzi...
-B: You see, what she got in her heart is what you got, what i got, art. Like me. Like you, I think. We're junkies, and art is our drug. Family, we love, but art, we're meshuga for art.
Aquí se acerca a estirarle los cachetes a Sam hasta que, producto del dolor, se aparta.
-B: I want you should remember how that hurt. Because when they say all this, when they say, "What you do? Oh, that's cute. It's a hobby. It's like stamps or buttefly collecting" you feel your face, how it feels now. So you remember your Uncle Boris and what he's telling you because you're going to join the circus, I can tell. You can't hardly wait. You want to be in the big top.
Al final, remata el discurso con lo siguiente.
-B: You'll make your movies, and you will do your art. And you'll remember how it hurt. So you know what I'm saying? Art will give you crowns in heaven and laurels on earth. But...it'll tear your heart out and leave you lonely.
Todo lo dicho cala en su psique, causando entre confusión y asombro. ¿Realmente el arte te deja solo? ¿Será un arrebato de un viejo triste? ¿Qué rol tiene mi familia y mi arte? La verdad es más compleja de lo que parece a simple vista, chocando con mi interpretación personal sobre nuestro rol como seres humanos nacidos para ser artistas.
Sobre el cine: El cine es maravilloso, desde las historias simples hasta las grandes metrópolis argumentativas de los alucinados cineastas. Existe de todo y para todos, cada género ha sido cubierto por su propio loco, dejando sin espacio al aburrimiento sosegado de la realidad. Pese a todo, en su gran mayoría el cine es ficción, ya que nos presenta historias comúnmente inventadas con características espectaculares y moralejas apapachables. Pero si todo es falso, ¿por qué causa tanto efecto en nosotros?
La verdadera pregunta debería ser: ¿Por qué no? Y es que analizando los cientos de historias que tiene este medio, podemos encontrar siempre una conexión con los valores más puros de nuestra esencia humana. Siempre, pero siempre, se habla de nosotros. De alguna manera, todos los caminos llevan a una Roma dominada por nuestro sentir.
Sam lo sabía, lo descubrió en aquel armario cuando hizo su primera película, lo perfeccionó con la práctica constante, terminando de dominarlo al realizar el metraje sobre el viaje de campo que tuvieron en familia. Metraje que sería de vital importancia para su crecimiento como artista y persona.
Al inspeccionar la cinta de aquella aventura, Sam empieza a notar ciertos eventos extraños que involucran a su madre y al tío Bennie. Caricias, abrazos, momentos solos; espacios de tiempo compartido, endulzado con miradas indiscretas. La verdad es evidente, tajando como una estaca la imagen que tenía Sam sobre su madre y la relación que tiene con Bennie; aterrado y molesto, decide guardarse el rencor todo lo posible hasta que un día, discutiendo con su mamá sobre el porqué de su indiferencia, termina mostrándole la película.
Película que días atrás fue ovacionada por su familia, llenándolos de vigor y gratitud; ahora, una versión diferente, una real, es mostrada únicamente a la madre en el mismo armario donde todo nació.
De la misma cuna de madera donde la luz hecha historia brindó una sonrisa, ahora surge una madre desconsolada, presa de la culpa de haber sido descubierta en su pecado amoroso. La misma historia, solo con un ángulo diferente.
De igual forma, en el viaje que tuvo con su promoción, grabó una película. Este film encapsuló la belleza veraniega de jóvenes llenos de vigor, y la convirtió en una oda hacia un solo sujeto, el bully de Sam. Cuando todos por fin la vieron, aplaudieron y gritaron de emoción, viéndose reflejados en la cinta como personas divertidas experimentando la adolescencia, sobre todo hallando en Thomas (el bully) la imagen definitiva de poderío juvenil cargado de esperanza como un héroe próximo a brillar. Todos lo disfrutaron, menos Thomas, él tuvo una expresión agridulce durante la proyección; él observó una imagen de sí mismo que no existe, una versión dorada capaz de volar, contrastando con la triste realidad. Fluyen interpretaciones divergentes, la dialéctica se diluye en la mente del espectador dejando únicamente lo que desea ver.
El cine es una maravilla en sí misma, obra de aquellos portadores del ángulo divino contador de cuentos. ¿Y quiénes son "ellos"?
Sobre los cineastas: No recuerdo dónde lo escuché alguna vez pero en una clase le preguntan al profesor: "¿El arte es para el artista o para la audiencia? A lo que responde: "El arte debe ser para la audiencia, pero el artista siempre será el primer espectador"
Los artistas son raros, extraños, misteriosos, solemnes, cargados de una autenticidad particular. No conozco artista que sea "normal" o algo parecido, cada uno de ellos tiene un detalle decorativo único en su personalidad. Esto, lejos de parecerme un problema, me fascina; lo normal termina aburriendo; esta vida necesita extraños amantes del color. Mitzi era una artista, una frustrada alma libre que, aludiendo al pecado original, hizo caso a su corazón y se enamoró de quien no debía. Boris era un artista, un triste anciano desligado del vínculo familiar, creyendo que ese era el único camino a su grandeza. Sammy es un artista, un joven prodigio enfrentando la montaña rusa en la que se convirtió su vida y dotándola de magia.
Porque cuando quería sentir la misma emoción de aquel choque fantástico.
Hizo cine.
Cuando, jugando con sus hermanas, dejó volar su imaginación.
Hizo cine.
Inspirado por un enfrentamiento ficticio de vaqueros.
Hizo cine.
Cuando su mamá, producto del duelo, se derrumbó en mil pedazos.
Hizo cine.
Cuando él, producto de la verdad, se derrumbó en mil pedazos.
Hizo cine.
Ante la adversidad de un entorno que lo rechaza y detesta, haciéndolo sangrar.
Hizo cine.
Intentando combatir el melodrama de una familia hecha pedazos.
Hizo cine.
Y cuando su madre se fue en búsqueda de tranquilidad, dejándolos bañados en lágrimas.
Se imaginó haciendo cine.
Nació con la habilidad de un proyectista, la mente de un niño, y el corazón de un artista. Convirtió toda su mierda en arte antes de que lo matara. No olvidemos que no es un ser místico venido a tierra desde el cielo, es un ser humano, como tú y como yo. Realmente nadie es ajeno al dolor, mucho menos los artistas. Si en algo acertó Boris es que el arte te arranca el corazón y te deja solo, eso sí, solo si tú lo permites. Esto es evidenciado en la última conversación que tuvo con mamá, donde ella le dice lo siguiente:
-M: I'm turning into someone I don't know and none of you will know me anymore. I'll just be that hateful person who did that terrible thing to your back. And yes, this is the most selfish thing I have ever done, but I've got to do this now because, Sammy... you do what your heart says you have to, cause you don't owe anyone your life. Not even me.
Su madre, presa de una vida alejada de los acordes, encontró en su esposo e hijos un escape que creía perpetuo, solo para darse con la sorpresa de que ni ella puede huir de la falta de conexión que le produce su nueva vida. Por eso, aunque parezca la persona más egoísta del mundo, tiene que ir a buscar aquello que la nutra, dándole la misma indicación a su hijo; no le debes tu vida a nadie.
Ni siquiera a ella, ni a nadie le debe su vida. Este será su mantra de ahora en adelante, y aunque su padre insista en la universidad como única forma de progreso, con los pies en tierra y la quijada en alto, se dedicará a hacer de su pasión las mil y una formas que le nazca inventar, así eso destruya su vida y la cargue de tragedia. Sin embargo, no tiene que ser así; en la vida real, los artistas, al ser de carne y hueso, también sufren, no porque se dedican al arte, sino porque son seres humanos. La desgracia es inevitable. Ni Mitzi, ni Boris, ni Sammy han sido ajenos al dolor, pero ellos, a diferencia de los demás, han descubierto la dialéctica de imán y limadura, ataque y defensa, arte y audiencia; con las manos ensangrentadas y el rostro azulado, moldearon su arte y lo usaron como espada para combatir el vacío de la muerte.
Qué difícil es existir, ya lo afirmaba Albert Camus: "Juzgar si la vida es o no digna de vivir es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas" Y luego tienes la visión de Hayao Miyazaki: "I would like to make a film to tell children i'ts good to be alive". Dos opiniones que a veces parecen contrapuestas, pero en realidad se complementan.
Tanto Camus como Miyazaki han amado de alguna forma, tal vez una persona, tal vez una historia; ninguno es ajeno al dolor así como tampoco al amor. Pero Marcos, la muerte se acerca, la tragedia es constante, el fin de todo ya viene, somos seres insignificantes, mi casa se cae a trozos, mi vida está acabada. ¿Cómo puedes hablar de amor? ¿No ves que el mundo está hecho pedazos? ¿Qué acaso no ves las constantes desgracias que azotan a esta gente? La entropía es cruel y el caos inevitable. Todos vamos a morir y sufriremos cada día por ello. El vacío me miró de vuelta aterrándome hasta los huesos, tengo miedo, tengo mucho miedo; todos vamos a mor-
Sí, la vida es dolor y tragedia. Sí, la vida está llena de problemas. Sí, la vida es cruel e indiferente. Si a todo porque no te equivocas, ¿Y qué? ¿Te quedarás mirando a la muerte con los brazos cruzados? ¿Qué acaso un libro pierde sentido porque sabes que tiene final? ¿No sientes esa deslumbrante pasión por tu existir? Cada ser humano enfrenta una vida tan compleja y difícil que faltaría otra vida más para poder describirla. Pese a ello, se puede encontrar en el arte la herramienta perfecta para darle estética a nuestro martirio, decorando la cruz mutándola en un bello florero.
Por mi parte, cuando me encuentro perdido con el pecho vacío, me pongo a escribir; la musa naciente de mi soledad se tiñe de rojo y empieza a cantar. Las dudas van y vienen penetrando como agujas, a veces me quitan el sueño, muchas otras me dejan llorando; no obstante, al igual que Sammy, sé que todo estará bien si no dejo mi instinto natural por querer representar mi llanto, y aprovecho cada detalle existente para hacer de mis versos algo maravilloso, eso sí, sin perder en ningún momento el horizonte.
Gracias por leer <3