Lo que eleva a Miami Vice como una monumental película de acción es que se siente una película de acción; los protagonistas están en pleno campo de batalla y nada ni nadie les protege. Además, la filmación íntegramente digital de la película consigue que cada escena con disparos sea sentida hasta la médula por el espectador.
En el modus operandi de Michael Mann no caben los diálogos sobreexplicativos y sus personajes se hunden en el caos (se podría decir que incluso narrativo) de la misión que intentan llevar a cabo.
Podría ser perfectamente la película más corta de la historia porque aquí el ritmo no deja siquiera respirar al espectador. Mann lo hace parecer sencillo, pero meter una historia de amor en una película de este calibre y que se sienta real tiene que ser tremendo dolor de cabeza.
Lo que eleva a Miami Vice como una monumental película de acción es que se siente una película de acción; los protagonistas están en pleno campo de batalla y nada ni nadie les protege. Además, la filmación íntegramente digital de la película consigue que cada escena con disparos sea sentida hasta la médula por el espectador.
En el modus operandi de Michael Mann no caben los diálogos sobreexplicativos y sus personajes se hunden en el caos (se podría decir que incluso narrativo) de la misión que intentan llevar a cabo.
Podría ser perfectamente la película más corta de la historia porque aquí el ritmo no deja siquiera respirar al espectador. Mann lo hace parecer sencillo, pero meter una historia de amor en una película de este calibre y que se sienta real tiene que ser tremendo dolor de cabeza.