El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Para empezar, la historia es hermosa y entretenida, como es común de parte del escritor original,
Hernán Casciari. Dicho esto, debo decir que aunque me duela, la película no es perfecta.
Algunas escenas de comedia casi cliché que se sienten cortas y exageradas, el vacío en la relación del nono con su hijo, los cuales apenas se cruzan y cuando parece que debería haber un abrazo reconciliador no lo hay (además ¿por qué la nuera parece quererlo más?), lo desapercibido que pasa entre la familia el hecho de que la madre esté escribiendo un blog (esa primera vez que se anima a escribir podría estar mejor construida, mostrar una parte emocional detrás de la naturalidad cómica del personaje), y por último, el nono que no para de hablar italiano, no digo que el retrato del tano argentino esté mal hecho, sino que algunas palabras y referencias a Italia hubieran bastado, no era necesario que todos sus diálogos sean en italiano. Todas estas son algunas de las cosas que me dejaron insatisfecho.
Sin embargo, reconozco que si escribo esto es porque algo me generó, es de esas películas que las veo y digo "me hubiera gustado haberla hecho yo y a mi manera", así que a pesar de sus defectos agradezco que exista y me haya generado tanto como para estar escribiendo una reseña así de extensa en Letterboxd, que rara vez sucede.