“Es una rondalla, es una cosa viva.”Estoy muy satisfecho con Rondallas. Una película divertida, con buena carga dramática y cuya simpleza y honestidad son la clave para hacer que sus personajes emocionen y nos importen. Rondallas es una comedia que abraza la tradición para contar, desde la cotidianidad, una historia sobre el acercamiento y la superación. No es una reflexión grandilocuente sobre la moral y la autosuperación, pero es una historia coral extremadamente humana. Conocemos en ella historias tristes, personajes irreverentes, y el corazón de la película es el punto que tienen en común, la propia rondalla. Sin ser una reivindicación musical al estilo de Sinners (2025) ni un arrebato de pasión como Segundo Premio (2024), Rondallas pone el foco en la agrupación musical de la que forman parte los personajes, de manera que la música tradicional gallega funge como nexo entre las historias. Parejas peleadas, hermanos enfadados, personas completamente diferentes con sus arcos e historias están conectadas por la música y la tradición. Esa es una de las ideas más potentes de la película, el tener algo tan tuyo y que, a la vez, lo compartas con tanta gente tan distinta.
La parte dramática va cogiendo fuerza según avanza la película, aunque no abandona en ningún momento la comedia y eso hace que el ritmo se haga muy ameno.
Rondallas tiene una carga dramática muy potente a la hora de desarrollar a sus personajes, pues vemos que, entre pitos y flautas (¿se ha entendido el chiste?), todos los personajes principales tienen algo que les pesa, algo por lo que volcarse en la
rondalla. Unos buscan evadirse de sí mismos, otros quieren demostrar algo, pero todos tienen la pasión por lo que hacen y por lo que significa esa música para el pueblo.
Los personajes son lo mejor de la película. Al tener ese punto coral, vemos historias de todo tipo. Son tramas y conflictos simples, pero eso juega a favor de la película al no saturar de emociones a sus personajes ni al espectador con ellos.
Rondallas no se complica, es una historia simple y muy sincera, y por eso es tan maravillosa. Podría llevar al límite a (todos) sus personajes, pero perdería fuerza en la idea principal de la película, la
rondalla como catalizador, como punto de unión para un pueblo roto.
Rondallas nos recuerda que somos personas. Los grises salados de la Galicia rural costera no distan de otros paisajes en lo que respecta al factor humano. Tenemos problemas, huimos, nos castigamos, pero seguimos adelante. Existen distintas motivaciones, hacer las cosas por la familia, por orgullo, por tener un futuro, o simplemente por disfrutar, y aun con todas esas diferencias, todos somos igual de personas. Por eso tenemos la música. Las
rondallas. Y también el arte, la lengua, ¡el cine! Porque somos seres egoístas y destructores, pero también empáticos y creadores, porque parece impensable el poder juntar a decenas de personas, rotas, enfadadas o con culpa, a tocar la gaita y la pandereta como una misma voz. Eso es la música, es el arte, es lo que importa y es lo que nos une en un mundo que se empeña en dividirnos.
P.D.: fan de las rondallas desde ya
P.D.2: En principio yo no iba a escribir esto, pero bue