Emma Penella enseñando cacho (tampoco tanto pero mucho para la época), el rubio platino de Vicente Parra, la tensión sexual, los latigazos, los sementales... Uno de esos milagros cinematográficos que la censura no supo ver (o no quiso ver por miedo a revelar sus propios miedos).
Emma Penella enseñando cacho (tampoco tanto pero mucho para la época), el rubio platino de Vicente Parra, la tensión sexual, los latigazos, los sementales... Uno de esos milagros cinematográficos que la censura no supo ver (o no quiso ver por miedo a revelar sus propios miedos).