“El tren llegó a las 11:45. Nico llegó. No hacía falta que llegase porque estaba en todas partes mamá. Aquí es como si siempre hubiese un tercer cubierto en la mesa y un tercer cuerpo en la cama. Está en todas partes; apoyado en el marco de la puerta y mirándome mientras te escribo. Nico está. Siempre estuvo. Él, tan poca cosa, tan en todas partes. Nico es inextirpable. ¿Por qué nos hizo esto mamá?”
Aún yéndose a miles de kilómetros de distancia, la conciencia de las acciones sigue intacta, los prejuicios inmutables y la culpa en su esplendor. El recuerdo como persecutor, como el infinito invisible pero palpable entre los dos y por otro lado el pasado culposo, inseparable e implícito como eje y rutina de la relación. La necesidad de la maternidad en el hombre adulto y su omnipresencia, no sólo como constancia en la trama, sino también como recurrencia en los diálogos, diario en la vida del hombre, de la relación y como inconsciente persistente del personaje.
Le voy a contar a mis nietos que me crucé a Antin en los pasillos de la facultad en años pandemicos.
“El tren llegó a las 11:45. Nico llegó. No hacía falta que llegase porque estaba en todas partes mamá. Aquí es como si siempre hubiese un tercer cubierto en la mesa y un tercer cuerpo en la cama. Está en todas partes; apoyado en el marco de la puerta y mirándome mientras te escribo. Nico está. Siempre estuvo. Él, tan poca cosa, tan en todas partes. Nico es inextirpable. ¿Por qué nos hizo esto mamá?”
Aún yéndose a miles de kilómetros de distancia, la conciencia de las acciones sigue intacta, los prejuicios inmutables y la culpa en su esplendor. El recuerdo como persecutor, como el infinito invisible pero palpable entre los dos y por otro lado el pasado culposo, inseparable e implícito como eje y rutina de la relación. La necesidad de la maternidad en el hombre adulto y su omnipresencia, no sólo como constancia en la trama, sino también como recurrencia en los diálogos, diario en la vida del hombre, de la relación y como inconsciente persistente del personaje.
Le voy a contar a mis nietos que me crucé a Antin en los pasillos de la facultad en años pandemicos.