Gernika se centra en la peripecia de Henry (James D’Arcy), periodista del New York Herald Tribune, que realiza su trabajo informativo desde las posiciones del bando republicano que cuenta con la colaboración de la Rusia estalinista. Allí encuentra a la despierta Teresa (María Valverde) que le hará recuperar su vocación por informar. La previsible historia de amor entre el periodista y la republicana pretende hacernos empatizar con los personajes para cuando llegue el inevitable bombardeo sea fácil ponernos en su lugar. Pero, por desgracia, el trasfondo dramático de Gernika carece de fuste y originalidad, con lo que todo suena rutinario. Si a eso añadimos una excesiva cantidad de personajes secundarios que entran y salen sin que llegamos a tener clara su función el trabajo de Serra termina completamente deslucido. Cuando llega el bombardeo, perfectamente ejecutado, poco nos importan los personajes y sus circunstancias. La historia merecía ser contada pero eso no implica que Gernika sea una buena película.
Gernika se centra en la peripecia de Henry (James D’Arcy), periodista del New York Herald Tribune, que realiza su trabajo informativo desde las posiciones del bando republicano que cuenta con la colaboración de la Rusia estalinista. Allí encuentra a la despierta Teresa (María Valverde) que le hará recuperar su vocación por informar. La previsible historia de amor entre el periodista y la republicana pretende hacernos empatizar con los personajes para cuando llegue el inevitable bombardeo sea fácil ponernos en su lugar. Pero, por desgracia, el trasfondo dramático de Gernika carece de fuste y originalidad, con lo que todo suena rutinario. Si a eso añadimos una excesiva cantidad de personajes secundarios que entran y salen sin que llegamos a tener clara su función el trabajo de Serra termina completamente deslucido. Cuando llega el bombardeo, perfectamente ejecutado, poco nos importan los personajes y sus circunstancias. La historia merecía ser contada pero eso no implica que Gernika sea una buena película.