No tengo palabras para expresar lo que siento...
Se suponía que El futuro ya no es lo que era iba a representar un cambio de registro en la carrera de Rovira tras los Apellidos de Martínez-Lázaro, pero nada más lejos de la realidad: con la única diferencia de que ahora es Ovetense en vez de sevillano, Rovira mantiene los tics de chaval/señor de buen corazón pero un poco despistado en la vida que le ha tocado vivir. Pero culpar al actor malagueño del desastre que es la película sería muy injusto. El guión y la dirección de Pedro Luis Barbero ponen el listón tan bajo que solo la profesionalidad de una grande como Carmen Maura es capaz de aportar algo de luz, aunque solo sean fugaces chispazos. La incógnita sigue siendo qué pinta una película como esta dentro de la sección oficial de un festival. Y ahí la culpa no es ni de Rovira ni de Barbero, sino del comité de selección y los programadores que parecen haber atendido más a los nombres del cartel que a la calidad real del filme.
No tengo palabras para expresar lo que siento...
Se suponía que El futuro ya no es lo que era iba a representar un cambio de registro en la carrera de Rovira tras los Apellidos de Martínez-Lázaro, pero nada más lejos de la realidad: con la única diferencia de que ahora es Ovetense en vez de sevillano, Rovira mantiene los tics de chaval/señor de buen corazón pero un poco despistado en la vida que le ha tocado vivir. Pero culpar al actor malagueño del desastre que es la película sería muy injusto. El guión y la dirección de Pedro Luis Barbero ponen el listón tan bajo que solo la profesionalidad de una grande como Carmen Maura es capaz de aportar algo de luz, aunque solo sean fugaces chispazos. La incógnita sigue siendo qué pinta una película como esta dentro de la sección oficial de un festival. Y ahí la culpa no es ni de Rovira ni de Barbero, sino del comité de selección y los programadores que parecen haber atendido más a los nombres del cartel que a la calidad real del filme.