La presentación de Estirpe (Adrián López, 2016) venía precedida de una exitosa campaña de crowfunding y la presencia de atractivos nombres como los de Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Carlos Vermut, Borja Crespo y Mauro Entrialgo interpretándose a ellos mismos en la imposible historia sobre el mejor cómic que jamás ha existido, que resulta ser español. Mezclando formato documental y ficción Estirpe intenta narrar como este cómic llega a convertirse en una película que va más allá de lo cutre. El problema es que la propia película que estamos viendo se contagia de esta cutrez de forma totalmente involuntaria, naufragando en un relato que si bien causa simpatía en los primeros compases termina arrastrándose hasta los 89 minutos de forma desesperante. Al final, no pasa de ser un chiste entre amigos que hará gracia a los implicados y sus acólitos pero que demuestra que lo que podría haber sido un mediometraje más que simpático deriva en un largometraje con escasa chispa.
La presentación de Estirpe (Adrián López, 2016) venía precedida de una exitosa campaña de crowfunding y la presencia de atractivos nombres como los de Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Carlos Vermut, Borja Crespo y Mauro Entrialgo interpretándose a ellos mismos en la imposible historia sobre el mejor cómic que jamás ha existido, que resulta ser español. Mezclando formato documental y ficción Estirpe intenta narrar como este cómic llega a convertirse en una película que va más allá de lo cutre. El problema es que la propia película que estamos viendo se contagia de esta cutrez de forma totalmente involuntaria, naufragando en un relato que si bien causa simpatía en los primeros compases termina arrastrándose hasta los 89 minutos de forma desesperante. Al final, no pasa de ser un chiste entre amigos que hará gracia a los implicados y sus acólitos pero que demuestra que lo que podría haber sido un mediometraje más que simpático deriva en un largometraje con escasa chispa.