recuerdo mi visita a avila. desayuné en madrid en un lugar nuevo para mi tio y para mi. luego ese fue el lugar en el que desayunamos toda la siguiente semana. me habló de los lugares que necesitaba visitar en avila y los anoté con ansia en mi libreta. nos abrazamos y me despedí de él. llegué a la estación de tren en metro, de donde dos dias antes había salido para toledo, y fui a la taquilla a comprar mi boleto hacia el pueblo de avila. la taquillera me miraba raro y después de unos minutos, y de entregarme mi boleto de tren, me dijo: "si sabes que de aquí no sale este tren, ¿verdad?" mire mi reloj y faltaban treinta minutos para la salida, confuso y nervioso, solo alcance a decirle: "¿cómo?", me respondió: "sí, sale de la estación Rey Pío." "¿hay mas de dos estaciones de tren en madrid?" "hay tres", me dijo. yo en ese momento no me decidía si ahorcar a la taquillera, al tal Pío o a todo el pueblo de madrid por haber decidido hacer tres estaciones de tren en una misma ciudad. al final me decidí que todo esto debía de ser culpa de Franco. mentalmente lo ahorqué con gran satisfacción y le pedí a la taquillera que me diera las indicaciones para llegar con el tal Pío. me las dió, salí corriendo a través de la estación y me subí en un tren suburbano que iba mas lento que el circuito interior en hora pico. llegué a Pío jadeando de tanto correr, corrí al anden y ví que mi tren venía retrasado. le eché la culpa a Franco otra vez y me pase los siguientes veinte minutos sentado en una banca del anden pensando en como deshacerme del cuerpo que había estrangulado treinta minutos antes. me subí al tren cuando llegó anunciando su llegada con el típico pitido, y de ahí pase una hora y media contemplando las vaquitas sin mayor percance. se me olvidó desaparecer el cuerpo estrangulado de Franco y su presencia me siguió en distintos lugares de mi viaje y se me apareció de repente en otros. por suerte en ávila no lo hizo.
igual que mekas me la pasé caminando por la ciudad, sintiendo en cada paso la presencia de santa teresa. nada mas que yo si comi. me metí a un bar que decía tener el menú mas barato de ávila. horas después descubrí que no. por suerte la comida estaba deliciosa. mientras comía un filete de res, de alguna de las vaquitas que había visto en el camino, el mesero llegó y me regaló una jarrita de vino. me santigüé. santa teresa ya estaba para mí al nivel milagroso de jesucristo. salí de ahí a caminar, mareado por el vino que no me cobraron. pase a visitar la catedral. me la pasé dos horas ahí metido, escuchando cantos gregorianos. cuando salí, como a las 4:30, entré al museo de santa teresa, una iglesita donde había vivido la última parte de su vida. un guía nos metió a su habitación y nos explicó su vida y sus cosas. salí y le pedí perdón por haber molestado su privacidad. a las 5 solo me quedaba la muralla. me dijeron que a las 6 la cerraban por completo, había tenido suerte e iba a ser la ultima persona en entrar porque el recorrerla toda tardaba una hora. le volví a agradecer a santa teresa, venia bajo su protección. la siguiente hora sucedieron varias cosas que avila, santa teresa o Dios me regalaron y egoístamente no relatare.
nunca encontré el polvo que mekas relata. ya todo estaba pavimentado. igual que él y al contrario, me subí en el tren de regreso a Madrid, mire hacia atras; el sol ya se había puesto a mi espalda y me adentraba en la noche habiendo dejado una parte de mí en esa ciudad amurallada.
recuerdo mi visita a avila. desayuné en madrid en un lugar nuevo para mi tio y para mi. luego ese fue el lugar en el que desayunamos toda la siguiente semana. me habló de los lugares que necesitaba visitar en avila y los anoté con ansia en mi libreta. nos abrazamos y me despedí de él. llegué a la estación de tren en metro, de donde dos dias antes había salido para toledo, y fui a la taquilla a comprar mi boleto hacia el pueblo de avila. la taquillera me miraba raro y después de unos minutos, y de entregarme mi boleto de tren, me dijo: "si sabes que de aquí no sale este tren, ¿verdad?" mire mi reloj y faltaban treinta minutos para la salida, confuso y nervioso, solo alcance a decirle: "¿cómo?", me respondió: "sí, sale de la estación Rey Pío." "¿hay mas de dos estaciones de tren en madrid?" "hay tres", me dijo. yo en ese momento no me decidía si ahorcar a la taquillera, al tal Pío o a todo el pueblo de madrid por haber decidido hacer tres estaciones de tren en una misma ciudad. al final me decidí que todo esto debía de ser culpa de Franco. mentalmente lo ahorqué con gran satisfacción y le pedí a la taquillera que me diera las indicaciones para llegar con el tal Pío. me las dió, salí corriendo a través de la estación y me subí en un tren suburbano que iba mas lento que el circuito interior en hora pico. llegué a Pío jadeando de tanto correr, corrí al anden y ví que mi tren venía retrasado. le eché la culpa a Franco otra vez y me pase los siguientes veinte minutos sentado en una banca del anden pensando en como deshacerme del cuerpo que había estrangulado treinta minutos antes. me subí al tren cuando llegó anunciando su llegada con el típico pitido, y de ahí pase una hora y media contemplando las vaquitas sin mayor percance. se me olvidó desaparecer el cuerpo estrangulado de Franco y su presencia me siguió en distintos lugares de mi viaje y se me apareció de repente en otros. por suerte en ávila no lo hizo.
igual que mekas me la pasé caminando por la ciudad, sintiendo en cada paso la presencia de santa teresa. nada mas que yo si comi. me metí a un bar que decía tener el menú mas barato de ávila. horas después descubrí que no. por suerte la comida estaba deliciosa. mientras comía un filete de res, de alguna de las vaquitas que había visto en el camino, el mesero llegó y me regaló una jarrita de vino. me santigüé. santa teresa ya estaba para mí al nivel milagroso de jesucristo. salí de ahí a caminar, mareado por el vino que no me cobraron. pase a visitar la catedral. me la pasé dos horas ahí metido, escuchando cantos gregorianos. cuando salí, como a las 4:30, entré al museo de santa teresa, una iglesita donde había vivido la última parte de su vida. un guía nos metió a su habitación y nos explicó su vida y sus cosas. salí y le pedí perdón por haber molestado su privacidad. a las 5 solo me quedaba la muralla. me dijeron que a las 6 la cerraban por completo, había tenido suerte e iba a ser la ultima persona en entrar porque el recorrerla toda tardaba una hora. le volví a agradecer a santa teresa, venia bajo su protección. la siguiente hora sucedieron varias cosas que avila, santa teresa o Dios me regalaron y egoístamente no relatare.
nunca encontré el polvo que mekas relata. ya todo estaba pavimentado. igual que él y al contrario, me subí en el tren de regreso a Madrid, mire hacia atras; el sol ya se había puesto a mi espalda y me adentraba en la noche habiendo dejado una parte de mí en esa ciudad amurallada.