El monólogo que se avienta Cantinflas los últimos veinte minutos es probablemente el mejor de su filmografía, una gran sátira política y crítica social, que no va sólo para los 'colorados' que rozaban el fascismo, sino también para los 'verdes' que enriquecen a los ricos. Lo admirable es que, lejos de sentirse raro, el humor no estorba al mensaje, los momentos cómicos impulsan el monólogo y se siente natural.
Y bueno que siga resonando hoy, décadas después, sorprende porque el mundo que denuncia sigue prácticamente intacto.
El monólogo que se avienta Cantinflas los últimos veinte minutos es probablemente el mejor de su filmografía, una gran sátira política y crítica social, que no va sólo para los 'colorados' que rozaban el fascismo, sino también para los 'verdes' que enriquecen a los ricos. Lo admirable es que, lejos de sentirse raro, el humor no estorba al mensaje, los momentos cómicos impulsan el monólogo y se siente natural.
Y bueno que siga resonando hoy, décadas después, sorprende porque el mundo que denuncia sigue prácticamente intacto.