Esta cuarta entrega se hace rara porque parece a partes iguales un intento de un back-to-basics y soft-reboot, un pifostio que recupera al actor original y su encarnación pseudo-Conan de Deathstalker (aunque con algunos rasgos de la versión pícara), casi como si quisieran seguir desde la primera película obviando las otras dos. Y lo mete en una “trama” que es un reciclaje de conceptos de todas las tres pelis previas: espada mágica, princesa de incógnito, villano mágico regentando torneo, amazonas, ejército sobrenatural… Y todo ello plagado de metraje fusilado de la primera entrega hasta niveles absurdos.
El resultado final es un poco un sinsentido. Un remix frankenstiniano que, de forma milagrosa, consigue cierta coherencia y hasta entretener un poquillo… más que la tercera entrega al menos.
Una vez más, lo mejor es el póster.
Esta cuarta entrega se hace rara porque parece a partes iguales un intento de un back-to-basics y soft-reboot, un pifostio que recupera al actor original y su encarnación pseudo-Conan de Deathstalker (aunque con algunos rasgos de la versión pícara), casi como si quisieran seguir desde la primera película obviando las otras dos. Y lo mete en una “trama” que es un reciclaje de conceptos de todas las tres pelis previas: espada mágica, princesa de incógnito, villano mágico regentando torneo, amazonas, ejército sobrenatural… Y todo ello plagado de metraje fusilado de la primera entrega hasta niveles absurdos.
El resultado final es un poco un sinsentido. Un remix frankenstiniano que, de forma milagrosa, consigue cierta coherencia y hasta entretener un poquillo… más que la tercera entrega al menos.
Una vez más, lo mejor es el póster.