Son muchísimos los adjetivos que pueden usarse para referirse a esta “película-documental”, a los cuales no haré referencia porque estoy seguro de que no le descubriré nada nuevo a nadie. De igual manera, son muchos los elementos técnicos, narrativos, artísticos y creativos que sobresalen de manera extraordinaria en este film.
Sin embargo, me gustaría centrarme en un punto concreto que creo que es el que más ha resonado conmigo. Y es el uso de la palabra escrita para narrar toda una vida. Si bien en este caso es ficción, no ha sido hasta finalizar la película que me he percatado de ello, pues bien podría haber sido el diario real de Vivian Barrett.
Aunque guardan pocas similitudes, me recordó por momentos a los diarios de May Sarton, a los que tanto cariño tengo. Me resulta fascinante esa capacidad humana de plasmar en el papel lo inefable: la complejidad de una vida, los sentimientos y las emociones de ese camino que todos recorremos desde que nacemos hasta que morimos. El recuerdo de quien ha vivido perdurará más o menos en quienes tengan a bien sobrevivirle, pero la palabra durará lustros, siglos, milenios... Siempre que haya humanidad y alguien dispuesto a preservarla. Y no sé, me parece algo precioso.
Esta película me ha susurrado al oído que me fuerce a escribir, que vuelva a retomarlo, que cada palabra y cada frase bien elaborada merecen la pena en un mundo tan frenético y falto de reflexión, de tiempo, de dedicación.
Son muchísimos los adjetivos que pueden usarse para referirse a esta “película-documental”, a los cuales no haré referencia porque estoy seguro de que no le descubriré nada nuevo a nadie. De igual manera, son muchos los elementos técnicos, narrativos, artísticos y creativos que sobresalen de manera extraordinaria en este film.
Sin embargo, me gustaría centrarme en un punto concreto que creo que es el que más ha resonado conmigo. Y es el uso de la palabra escrita para narrar toda una vida. Si bien en este caso es ficción, no ha sido hasta finalizar la película que me he percatado de ello, pues bien podría haber sido el diario real de Vivian Barrett.
Aunque guardan pocas similitudes, me recordó por momentos a los diarios de May Sarton, a los que tanto cariño tengo. Me resulta fascinante esa capacidad humana de plasmar en el papel lo inefable: la complejidad de una vida, los sentimientos y las emociones de ese camino que todos recorremos desde que nacemos hasta que morimos. El recuerdo de quien ha vivido perdurará más o menos en quienes tengan a bien sobrevivirle, pero la palabra durará lustros, siglos, milenios... Siempre que haya humanidad y alguien dispuesto a preservarla. Y no sé, me parece algo precioso.
Esta película me ha susurrado al oído que me fuerce a escribir, que vuelva a retomarlo, que cada palabra y cada frase bien elaborada merecen la pena en un mundo tan frenético y falto de reflexión, de tiempo, de dedicación.