Lo que empieza como una interesante crítica al raciclasismo perpetrado por la élite mexicana, apoyada por la religión católica, se descarrila en un tercer acto atropellado, que es sumamente cruel y violento, con la única intención de crear shock value y repetir una y otra vez su mensaje, lo cual es innecesario, pues en escenas más sutiles e inteligentes, queda muy claro. Del Paso no confía en su material y recurre al recurso de torturar al espectador. Soy de la firme idea que sugerir es mucho más potente que mostrar, cuando la intención es criticar la violencia.
Lo que empieza como una interesante crítica al raciclasismo perpetrado por la élite mexicana, apoyada por la religión católica, se descarrila en un tercer acto atropellado, que es sumamente cruel y violento, con la única intención de crear shock value y repetir una y otra vez su mensaje, lo cual es innecesario, pues en escenas más sutiles e inteligentes, queda muy claro. Del Paso no confía en su material y recurre al recurso de torturar al espectador. Soy de la firme idea que sugerir es mucho más potente que mostrar, cuando la intención es criticar la violencia.